El Spirit of Nemo, creado para la película La Liga de los Hombres Extraordinarios, no nació como coche de producción, pero sí se construyó una versión homologada para circular. Inspirado en el Nautilus del Capitán Nemo, este coloso de seis ruedas y más de seis metros de altura es pura teatralidad mecánica. Tras permanecer años en una colección privada de recuerdos cinematográficos, se vendió en 2015 y, según diversas fuentes, circula ocasionalmente por Londres. Es la prueba de que la frontera entre automóvil y obra de arte puede difuminarse hasta crear una de las máquinas más extravagantes jamás vistas sobre ruedas.
El Tucker 48, también conocido como “Torpedo”, fue la ambiciosa creación de Preston Tucker. Incluyendo el prototipo, solo se fabricaron 51 unidades antes de que la compañía quebrara. Prometía una velocidad punta de 120 mph y soluciones técnicas revolucionarias para la época, como el tercer faro direccional central y avanzadas medidas de seguridad. Comercializado como “el coche del futuro”, su historia está marcada por polémicas y acusaciones que muchos interpretan como presión de los grandes fabricantes de Detroit. Hoy, cada unidad superviviente es una pieza de museo extremadamente codiciada.
El Leyat Helica es, sin exagerar, uno de los vehículos más extravagantes jamás concebidos. Diseñado en 1921 por el ingeniero aeronáutico francés Marcel Leyat, utilizaba una hélice frontal en lugar de un sistema de transmisión convencional. Se fabricaron unas 30 unidades y solo 23 llegaron a venderse. Presentado en el Salón de París de 1921, prometía ligereza y eficiencia inspiradas en la aviación, pero la financiación nunca llegó para producirlo en masa. Hoy es una rareza absoluta que demuestra hasta qué punto la experimentación marcó los primeros años del automóvil.
El Rolls-Royce 15 HP fue uno de los primeros frutos del acuerdo entre Charles Rolls y Henry Royce en 1904. Apenas se construyeron seis ejemplares y solo uno ha sobrevivido hasta nuestros días, con un valor estimado superior a los 35 millones de dólares. Este modelo no solo es raro por cifras, sino porque representa el nacimiento de una de las marcas más influyentes del lujo automovilístico. Su ingeniería sencilla pero refinada sentó las bases de la fiabilidad y el silencio mecánico que décadas más tarde se convertirían en sello distintivo de la firma británica.
El Bugatti Type 57SC Atlantic está considerado por muchos expertos como el coche clásico más raro y valioso del planeta. Diseñado sobre el chasis 57S, bajo, ligero y con una silueta aerodinámica adelantada a su tiempo, solo se fabricaron cuatro unidades entre 1936 y 1938. Uno de ellos permanece desaparecido y otro fue valorado en cifras cercanas a los 114 millones de dólares, lo que lo convierte en una pieza casi mitológica. En términos históricos, supuso el embrión conceptual de lo que hoy llamaríamos superdeportivo, décadas antes de que la Fórmula 1 consolidara la obsesión por la ligereza y la eficiencia aerodinámica.
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