El BMW iX xDrive50 es el ejemplo perfecto de cómo el precio no siempre equivale a calidad. Con un coste inicial de 88.000 dólares, ofrece un interior futurista y materiales de primera, pero su diseño polarizante y la falta de practicidad lo hacen menos atractivo que competidores como el Tesla Model X o el Rivian R1S. A ello se suma un software que no está al nivel de lo que se espera en un coche de este rango de precio, lo que deja una sensación de producto inacabado.
Con un precio cercano a los 61.000 dólares, el Ford Mustang Mach-E GT Performance Edition promete deportividad, pero la realidad es que poco tiene en común con el espíritu del Mustang original. Su interior con plásticos duros, espacio trasero reducido y un equipamiento opcional demasiado costoso lo convierten en una opción poco recomendable. A pesar de su aceleración de 0 a 100 km/h en 3,5 segundos, el coche carece de la autenticidad y el refinamiento que debería acompañar a esa cifra.
En su versión Platinum+, el Nissan Ariya supera fácilmente los 60.000 dólares, entrando en un terreno donde los rivales coreanos ofrecen mucho más por menos dinero. Su punto débil está en la carga rápida limitada a 130 kW, muy por debajo de Hyundai y Kia, además de la ausencia de Android Auto en pleno 2025. La depreciación del modelo es otro factor preocupante, perdiendo valor a un ritmo alarmante en el mercado de segunda mano.
El Mercedes-Benz EQB, con un precio base de 57.000 dólares, ha sido uno de los modelos más criticados dentro de la gama eléctrica de la firma alemana. A pesar de anunciarse como un SUV de siete plazas, la tercera fila apenas resulta utilizable. Además, carece de los acabados de lujo que se esperan de un Mercedes. No sorprende que la propia marca haya decidido discontinuar el modelo este año, reconociendo sus limitaciones frente a la competencia.
Desde Vietnam llega el VinFast VF8, con un precio de partida cercano a los 47.000 dólares. Aunque intenta posicionarse en la categoría de los SUV eléctricos premium, su comportamiento dinámico y calidad de construcción no están a la altura de lo prometido. La marca es todavía desconocida en Europa, y pagar un precio de lujo por un producto que se siente más cercano a una gama media resulta difícil de justificar.
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