El Alfa Romeo 8C Competizione era un superdeportivo espectacular, pero no pasó las exigentes pruebas de emisiones americanas. Adaptarlo habría requerido costosas modificaciones que nunca se realizaron, lo que lo convirtió en un sueño inalcanzable para los coleccionistas estadounidenses.
El TVR Griffith era pura potencia británica sin ayudas electrónicas, pero precisamente esa simplicidad lo dejó fuera de EE. UU. No tenía equipamiento de seguridad esencial, como airbags o control de emisiones adaptado, lo que imposibilitó su homologación.
El McLaren F1 es uno de los superdeportivos más admirados de la historia, pero en su momento no cumplía con las normas de seguridad estadounidenses, principalmente por la ausencia de airbags y otros elementos exigidos. Solo años después, gracias a la ley “Show and Display”, algunos ejemplares pudieron entrar al país de forma muy restringida.
Considerado por muchos como la versión definitiva del deportivo japonés, el Honda NSX-R se mantuvo fuera de EE. UU. por cuestiones regulatorias. Su producción limitada y las especificaciones enfocadas al rendimiento no encajaban con los estándares de seguridad federales, cerrando la puerta a su importación directa.
El Audi Sport Quattro fue un mito del Mundial de Rallyes, pero su versión de calle no pasó el filtro de las autoridades estadounidenses. No cumplía con ciertos requisitos de seguridad obligatorios en la época, lo que impidió su comercialización. Un golpe duro para los fanáticos que soñaban con tener un pedazo de historia del Grupo B en su garaje.
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