El Camaro Z/28 es uno de los pilares del muscle car estadounidense. Su V8 de 302 pulgadas cúbicas, pensado para competir en Trans-Am, lo convirtió entre 1967 y 1969 en un coche tan efectivo en pista como en carretera. Hoy, su herencia deportiva y su configuración específica de suspensión lo hacen cada vez más codiciado.
Creado para enfrentarse directamente al Camaro en competición, el Boss 302 debutó en 1969 con un equilibrio sobresaliente entre potencia y manejo. Su V8 302 y su estética exclusiva han impulsado un renovado interés, especialmente entre quienes buscan un Mustang con auténtico ADN de carreras.
El Charger R/T representa el lado más imponente del muscle car. Equipado con el legendario V8 440 Magnum, combinaba un diseño agresivo con un rendimiento demoledor. Su silueta fastback y su presencia escénica explican por qué vuelve a ser tan buscado hoy.
El GTO Judge es sinónimo de personalidad y potencia. Lanzado en 1969 como edición especial, destacaba por su motor Ram Air III y su imagen llamativa. Esa mezcla de rendimiento serio y estética atrevida lo ha convertido en un objeto de deseo para coleccionistas.
El Road Runner apostó por la fórmula más pura: potencia sin adornos. Con un V8 383 de serie y un enfoque sencillo, ofrecía músculo accesible. Su carácter directo y su famosa bocina lo mantienen como uno de los muscle cars más auténticos y redescubiertos.
Pocos nombres imponen tanto respeto como el Chevelle SS 454. Su enorme V8 de 454 pulgadas cúbicas lo situó en la cima del rendimiento a comienzos de los 70. Hoy vuelve a brillar como uno de los máximos exponentes de la potencia americana clásica.
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