El Ford Thunderbolt fue una máquina radical creada en 1964 sobre la base del Ford Fairlane. Equipado con un V8 de 427 pulgadas cúbicas y componentes ultraligeros, fue uno de los primeros drag racers de producción directa de fábrica. Su enfoque extremo lo convirtió en un pionero del drag racing moderno, marcando el camino para los futuros muscle cars de competición.
El Biscayne Z11 es una auténtica rareza dentro del mundo del drag racing. Desarrollado como coche ligero de fábrica, incorporaba paneles de aluminio y un V8 de 427 pulgadas cúbicas. Su producción fue extremadamente reducida, lo que lo convierte hoy en una pieza de alto valor para coleccionistas y en un referente técnico de su época.
El Dodge Dart LO23 fue una auténtica bestia del cuarto de milla a finales de los años 60. Equipado con el mítico 426 Hemi, este modelo priorizaba el peso reducido y la potencia bruta. Su enfoque era puramente funcional, convirtiéndose en uno de los favoritos entre los pilotos que buscaban resultados sin concesiones estéticas.
El Mercury Comet Cyclone tuvo un papel fundamental en la evolución del drag racing durante los años 60. Su diseño aerodinámico y sus potentes motorizaciones lo convirtieron en un rival temible en eventos de la NHRA. Aunque hoy ha sido eclipsado por otros modelos, su impacto competitivo fue notable.
El Pontiac Tempest Super Duty fue uno de los coches más innovadores de su tiempo. Con el motor 421 Super Duty y soluciones técnicas avanzadas, este modelo marcó un antes y un después en el enfoque de alto rendimiento de Pontiac. Su influencia se dejó sentir en generaciones posteriores de muscle cars de competición.
El AMC AMX Super Stock demostró que el tamaño compacto no era un obstáculo para dominar el drag strip. Con su V8 de 390 pulgadas cúbicas y una configuración pensada para la NHRA, este modelo se ganó una reputación por su agresividad y eficacia. Hoy es uno de los grandes olvidados, pero sigue siendo muy respetado entre expertos.
El Oldsmobile 442 W-30 fue uno de los grandes dominadores del drag racing a finales de los 60 y principios de los 70. Su V8 de 455 pulgadas cúbicas y su preparación específica lo convirtieron en una máquina temida en el cuarto de milla. Aunque hoy queda a la sombra de otros muscle cars más mediáticos, su legado sigue siendo enorme.
El Buick Gran Sport Stage 2 es uno de los modelos más raros y potentes de la era dorada del drag racing. Con un V8 de 455 pulgadas cúbicas y componentes de alto rendimiento, estaba diseñado para competir al máximo nivel. Su escasa producción lo ha convertido en una joya muy codiciada por coleccionistas y entusiastas.
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