El Subaru BRAT no es objetivamente bonito, pero sí uno de los modelos más carismáticos jamás creados por la marca. Esta pequeña pickup basada en el Leone destacaba por su simplicidad, su peculiar sistema Bi-Drive y una estética absolutamente ochentera. Sus motores bóxer 1.6 y 1.8 eran modestos, pero su diseño y soluciones únicas, como los asientos traseros en la caja para esquivar impuestos, lo han convertido en un modelo de culto.
La segunda generación del Forester es, para muchos, la más atractiva de toda la saga. Su silueta de familiar elevado, muy cuadrada y equilibrada, lo hacía único cuando los SUV todavía no dominaban el mercado. Además, el Forester 2.5 XT con 230 CV y cambio manual lo convirtió en un auténtico sleeper, sin olvidar que en Japón llegó a existir incluso una versión STI.
El Solterra representa una rara excepción moderna en Subaru en términos de diseño. Aunque comparte base con el Toyota bZ4X, Subaru logró un frontal y una zaga mucho más coherentes visualmente. Es el primer eléctrico de producción de la marca, con tracción total de serie y una estética más limpia y racional que la de su gemelo japonés.
El Impreza WRX STI Hawk Eye es, probablemente, el STI más bonito jamás fabricado. Sus faros afilados, líneas limpias y proporciones perfectas lo diferencian del resto de generaciones, generalmente más recargadas. Con 276 CV del bóxer turbo 2.5, combinaba presencia visual con una imagen claramente inspirada en el Mundial de Rallyes.
La cuarta generación del Legacy, conocida como BP, es ampliamente considerada la más elegante de la gama. Sus líneas eran limpias, bien proporcionadas y atemporales, alejándose del diseño genérico de generaciones anteriores. Además, ofrecía mecánicas muy atractivas, como el 2.5 GT spec.B o el refinado seis cilindros bóxer, junto a una carrocería familiar igualmente lograda.
El Levorg demuestra que Subaru sabe diseñar familiares deportivos con personalidad. Basado en el Impreza y conocido en algunos mercados como WRX Wagon, destaca por sus proporciones, líneas afiladas y aspecto moderno. Aunque limitado por el uso exclusivo de CVT, visualmente es uno de los station wagon más atractivos jamás firmados por la marca.
Basado en el Legacy BP, el Outback de tercera generación supo aprovechar unas líneas ya excelentes y adaptarlas al concepto de familiar elevado. El resultado fue un diseño robusto pero equilibrado, con una imagen aventurera sin perder elegancia. Sus motores, incluidos los bóxer turbo y el seis cilindros, completaban un conjunto muy coherente.
El BRZ original es, sin discusión, el Subaru moderno más bonito. Sus líneas limpias, proporciones clásicas de deportivo y diseño funcional lo convierten en un coche que entra por los ojos incluso antes de conducirlo. Con 200 CV atmosféricos y tracción trasera, su estética refleja perfectamente su filosofía: equilibrio, pureza y disfrute al volante.
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