El Camaro ZL1 de 1969 es uno de los casos más extremos y documentados. Oficialmente declaraba 430 CV, pero su V8 427 de aluminio entregaba en realidad cerca de 500 CV. La diferencia de unos 70 caballos lo situaba en territorio casi de competición. Aunque Chevrolet nunca publicó cifras oficiales posteriores, las pruebas de época y los testimonios coinciden: era mucho más rápido de lo que prometía.
Pontiac anunció 366 CV para el GTO Judge con el paquete Ram Air IV, una cifra que hoy resulta claramente conservadora. Las pruebas en banco de la época sitúan su potencia real cerca de los 400 CV. La mejora en la respiración del motor y una puesta a punto agresiva convirtieron a este Judge en un muscle car muy por encima de lo que indicaba su ficha técnica.
El legendario Hemi de 426 pulgadas cúbicas del Challenger R/T declaraba 425 CV, pero en condiciones reales superaba con facilidad los 450 CV. Algunos ejemplares, bien afinados, iban incluso más allá. Esa diferencia era suficiente para humillar a rivales que, sobre el papel, parecían equivalentes. Dodge dominaba el arte de esconder potencia sin levantar sospechas.
El Superbird no solo destacaba por su aerodinámica radical. Con el 426 Hemi, Plymouth anunciaba 425 CV, cuando la potencia real se acercaba peligrosamente a los 500 CV. Esa brecha de unos 75 caballos, combinada con su carrocería optimizada para NASCAR, lo convirtió en una auténtica apisonadora tanto en pista como en la calle.
El Super Bee se posicionaba como una opción más “accesible” dentro del catálogo de Dodge, pero su Hemi escondía un secreto similar. Con 425 CV oficiales, en realidad superaba los 470 CV. Era un muscle car discreto en imagen, pero brutal en prestaciones, ideal para quienes buscaban máximo rendimiento sin atraer demasiada atención.
El GTX con el motor 440 Six-Barrel declaraba 390 CV, una cifra que ya era respetable, pero insuficiente para describir su rendimiento real. Las mediciones de época lo sitúan entre 430 y 450 CV. Aunque la diferencia era menor que en los Hemi, seguía siendo un ejemplo claro de potencia deliberadamente contenida sobre el papel.
El Trans Am Ram Air IV de 1970 anunciaba apenas 345 CV. En realidad, entregaba entre 370 y 390 CV en configuración de serie. Pontiac aplicó la misma filosofía que con el GTO: cifras prudentes, rendimiento real muy superior. En competición y pruebas comparativas, el Trans Am solía rendir por encima de lo esperado.
El Nova SS con el big-block L78 de 396 pulgadas cúbicas es el sleeper por excelencia. Oficialmente marcaba 375 CV, pero su potencia real rondaba los 425 CV. Las pruebas de aceleración y el cuarto de milla confirmaron que este compacto escondía un rendimiento capaz de sorprender a muscle cars mucho más grandes y caros.
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