El Fiero parecía un mini superdeportivo con motor central, líneas angulosas y faros rebatibles. Sin embargo, el motor base de 92 hp lo hacía desesperadamente lento. Incluso la versión V6 quedó muy por debajo de lo que su imagen sugería.
Con trompa larga y estética agresiva, el Intrepid R/T parecía una berlina deportiva seria. Sus 242 hp no alcanzaban para mover con soltura su elevado peso, y la tracción delantera arruinaba cualquier intento de manejo deportivo.
Diseño llamativo, perfil bajo y presencia fuerte. El Crossfire prometía mucho más de lo que entregaba. A pesar de su base Mercedes, la puesta a punto, la caja automática lenta y la falta de carácter lo hacían sentir apagado.
El Probe parecía un coupé deportivo puro de los 90. En la práctica, las versiones base eran muy lentas y hasta el V6 rendía solo aceptable. Tracción delantera y chasis blando terminaron de apagar la ilusión.
Uno de los diseños más impactantes jamás producidos. Parecía un hot rod moderno listo para destruir semáforos. Pero no: V6, automática y prestaciones mediocres. Mucha imagen, cero brutalidad.
Con estética NASCAR y siglas históricas, el Monte Carlo SS parecía cosa seria. En realidad era cómodo, pesado y con enfoque familiar. Aceleraba decentemente en línea recta, pero no era deportivo ni por asomo.
Acá hay trampa: era rápido de verdad. El problema es que su estética exagerada hacía que pareciera más rápido de lo que cualquiera podía tomar en serio. Ala gigante, interior pobre y torque steer violento.
El SHO prometía ser un lobo con piel de cordero. Si bien era rápido para un sedán familiar, nunca fue realmente deportivo. Caja automática y chasis poco dinámico limitaron todo su potencial.
Spoiler, ópticas deportivas y badges intentaban vender deportividad. El motor y el chasis decían otra cosa. Prestaciones pobres y manejo blando lo dejaban como un simple compacto disfrazado.
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