El Esprit S1 destacaba por su estilo revolucionario, pero bajo el capó sus prestaciones eran moderadas. Un coche para admirar, más que para competir en velocidad.
Con un diseño que evocaba deportividad, el TR7 no estaba pensado para altas prestaciones. Su motor modesto limitaba la velocidad, aunque su estética convencía a muchos.
Con líneas rectas y un estilo tecnológico, el Celica Supra prometía potencia superior a la real. Ideal para quienes valoraban el diseño clásico de los 80 más que la aceleración.
Este todoterreno se construyó para resistencia y tracción, no para ser rápido. Su reputación proviene de la fiabilidad y capacidad todo terreno, no de los tiempos en pista.
El X1/9 se manejaba como un deportivo ligero, pero sin alcanzar grandes aceleraciones. Su encanto residía en la experiencia de conducción y el estilo italiano de los años 70.
Un coche refinado y elegante, con motor suficiente, pero no diseñado para batir récords de velocidad. Su atractivo estaba en el confort y la estética clásica.
El Alpine A310 V6 Pack GT de 1982 contaba con un chasis y suspensión menos ágiles de lo esperado. Aun así, su diseño y carácter lo convierten en un clásico deseado por los coleccionistas.
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