En el mundo de los deportivos, la potencia sigue siendo prioridad. El Porsche 911 (2021) y el Chevrolet Corvette (2020) han mostrado emisiones superiores a lo permitido en los test más recientes. Para marcas que viven de la pasión por la velocidad y el sonido de un motor poderoso, el reto está en mantener la emoción al volante sin dejar de lado la sostenibilidad.
El diésel continúa en el punto de mira. El Volkswagen Passat (2021) y la Ford F-250 (2020) se encuentran entre los vehículos que han fracasado en estas pruebas, al registrar altos niveles de óxidos de nitrógeno (NOx). Estos compuestos son especialmente dañinos para la salud, lo que ha acelerado la caída del diésel en Europa y otros mercados.
Modelos icónicos como el Toyota Prius (2021) y el Honda Insight (2020), símbolos del movimiento híbrido, no han superado con buena nota las nuevas exigencias de emisiones. Aunque su eficiencia es superior a la de un motor de combustión tradicional, siguen dependiendo de la gasolina y generan un impacto que limita su potencial como solución definitiva.
Aunque los vehículos eléctricos se promocionan como la solución definitiva, no todos sus aspectos son tan verdes como parecen. El Tesla Model 3 (2021) y el Nissan Leaf (2021) han recibido críticas no por sus emisiones en carretera —que son prácticamente nulas— sino por el impacto medioambiental de su fabricación y baterías, lo que pone en debate su huella total de carbono.
Modelos como el BMW Serie 7 (2021) y el Mercedes-Benz Clase S (2021) han sido señalados por superar los límites de emisiones. Aunque representan lo más avanzado en confort y tecnología, sus potentes mecánicas generan un nivel de contaminación que ya no es tolerado por la legislación actual. Un ejemplo claro de que el lujo debe adaptarse también a la sostenibilidad.
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