Llamar “superdeportivo” a un coche de 150 CV puede parecer exagerado hoy, pero en 1967 fue una auténtica revolución. El Toyota 2000GT, con su seis cilindros en línea de 2.0 litros, ofrecía cifras impensables para un coche japonés de la época. Su diseño, inspirado en deportivos europeos como el Jaguar E-Type, y su extrema exclusividad —solo 351 unidades fabricadas— lo han convertido en una pieza de colección que hoy supera el millón de dólares en subastas.
Honda sorprendió al mundo del automóvil entrando en el segmento deportivo desde cero. El S500 debutó con un motor de solo 44 CV, pero extremadamente avanzado para su tamaño. La evolución culminó con el S800 en 1966, que ofrecía 70 CV y un régimen de giro de 8.500 rpm. La experiencia previa de Honda en motocicletas se tradujo en motores ligeros, fiables y muy divertidos de conducir.
El Datsun 240Z fue el coche que democratizó el deportivo japonés. Con un seis cilindros en línea de 2.4 litros y 151 CV, combinaba diseño atractivo, fiabilidad y precio accesible. Inspirado parcialmente en deportivos europeos, sentó las bases de la legendaria saga Z. Su importancia histórica se refleja en su revalorización: un ejemplar de 1971 alcanzó los 310.000 dólares en 2020.
El Skyline GT-R original, conocido como Hakosuka, fue el primer gran mito del rendimiento japonés. Su motor seis cilindros DOHC de 2.0 litros entregaba 150 CV y dominó las competiciones locales a finales de los años 60. Con más de 50 victorias en circuito, estableció el linaje deportivo que décadas después daría lugar al GT-R moderno.
El Cosmo 110S fue el primer coche de producción con motor rotativo Wankel de Mazda. Su diseño futurista reflejaba el espíritu de la carrera espacial, y su mecánica era tan innovadora como arriesgada. Con hasta 128 PS en sus versiones finales y una producción artesanal muy limitada, el Cosmo es hoy uno de los Mazda más admirados y raros jamás fabricados.
Antes del mítico AE86, el Corolla SR5 ya demostraba que un compacto podía ser divertido. En Japón, las versiones Levin y Trueno ofrecían un motor 1.6 DOHC de unos 115 PS, mientras que Estados Unidos recibió una versión más modesta de 88 CV. Aun así, su bajo peso y tracción trasera lo convirtieron en un coche con auténtico espíritu deportivo.
Antes del 240Z, el Fairlady Roadster ya competía contra MG y Alfa Romeo. La versión más deseada, el Datsun 2000, montaba un 2.0 litros de hasta 150 CV en especificación deportiva, con carburadores Mikuni/Solex y cambio manual de cinco marchas. Era un roadster puro, ligero y rápido, clave para la reputación deportiva de Datsun.
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