En muchas entradas de garaje parece haber estado siempre ahí. Es fiable, constante, aunque a veces se confunda con el fondo. Vive en trayectos repetidos día tras día. El nuevo logo podría hacerlo parecer un poco más fresco, o quizá no tanto. Sorprende en una curva, deja una sensación leve que tarda en irse. Es familiar, casi demasiado.
Tener un Accord es saber que algo sólido te espera en el garaje. Hoy se siente más ordinario que antes, y el logo intenta despertarlo sin alzar la voz. Acompaña viajes familiares sin sobresaltos, aunque queda la duda de si sigue marcando el ritmo del segmento. El cambio entra sin fanfarrias. A veces, simplemente está ahí.
Rueda por autopistas cargando cosas y rutinas. Poseerlo es aceptar una normalidad eficiente. El nuevo emblema apenas levanta la cabeza entre tantos iguales en los estacionamientos. Sus dueños lo conservan durante años, pensando de vez en cuando en cambiarlo. Sigue presente. Todos los días.
Grande, capaz, típico de familias que se suben los fines de semana. El logo renovado lo deja prácticamente igual. En los viajes largos cumple, aunque siempre hay una pequeña contradicción entre lo cómodo que es y lo que promete ser. Se mantiene porque funciona. El cambio apenas murmura.
La minivan que organiza la vida. Lleva niños, mochilas, rutinas. El nuevo símbolo es tan cercano al anterior que casi no se percibe. Los recorridos escolares se mezclan unos con otros. La fiabilidad se repite como un mantra. Sigue avanzando sin quejarse. Otro día más.
Compacto, urbano, listo para calles estrechas. El ajuste del logo pasa casi invisible. Entre mandados y recorridos cortos, surge la duda sobre su atractivo a largo plazo. Se conduce, se repite, se diluye. Podría ser más, pero simplemente es.
Su nombre promete aventura, pero suele vivir en la rutina. El nuevo emblema intenta refrescar esa imagen apenas un poco. Hay una tensión entre lo robusto que parece y lo doméstico que resulta en el garaje. Espera, acompaña, repite. Se siente conocido, casi inevitable.
El nombre suena a viaje, pero la mayoría de las veces va y vuelve del trabajo. Se posee con constancia, sin grandes emociones, mientras el nuevo logo intenta renovar su imagen apenas un grado. Hay una contradicción suave entre lo rudo que parece y cómo descansa en casa. Permanece en el garaje, esperando. Los trayectos se repiten sin cambios. Se siente familiar.
Avanza en silencio eléctrico, atado al futuro pero cargando pasado. El logo actualizado parece alcanzarlo en carrera. La propiedad trae un zumbido nuevo y dudas suaves: la autonomía real, la vida cotidiana. Los puntos de carga no siempre están donde uno los imagina. Promete mucho, pero deja una leve hesitación flotando. Y eso queda.
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