Cadillac intentó competir con los coches europeos con el Allanté de 1987, cuyo carrozado italiano impresionaba a la vista. Sin embargo, el motor V8 era lento y poco eficiente, y la tecnología avanzada, como el tablero digital, presentaba constantes fallos. El intento de lujo innovador se transformó en decepción para los compradores.
Ford entró en el segmento de SUVs grandes con la Expedition de 1997, pero la experiencia no fue positiva. Este modelo sufría de fallos de transmisión, problemas eléctricos y un consumo de combustible elevado, lo que lo hacía costoso de mantener. Su amplitud y confort quedaron opacados por frecuentes visitas al taller.
Pontiac presentó el Aztek, un SUV con un diseño polarizador que fue blanco de bromas desde su lanzamiento. A pesar de contar con espacio interior aceptable y algunas soluciones inteligentes, como un enfriador integrado, su estética torpe y rendimiento limitado lo convirtieron en uno de los fracasos más comentados en Estados Unidos.
Chevrolet apostó por su Citation, el primer compacto de tracción delantera de GM. Aunque su diseño hatchback era práctico, los problemas de transmisión, dirección y múltiples recalls hicieron que los propietarios lo catalogaran como uno de los peores coches de su época. La innovación no siempre asegura el éxito.
Dodge llegó con su Neon de 1995 ofreciendo un alegre eslogan de bienvenida, pero pronto los propietarios lo recordaron por su falta de fiabilidad. Sus juntas de culata débiles, interiores frágiles y construcción deficiente lo hicieron perder frente a rivales japoneses como el Honda Civic, dejando claro que la popularidad no siempre garantiza calidad.
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