Tras consolidar el V8 de 287 pulgadas cúbicas, Pontiac comenzó a agrandar sus motores rápidamente. En solo tres años llegó a 370 pulgadas cúbicas, dando origen al confuso Tempest 395-A.
El nombre no reflejaba la cilindrada real y nunca existió un Tempest con ese motor, pero fue un primer paso clave. Bajo el capó del Pontiac Chieftain de 1958 entregaba hasta 330 hp, una cifra descomunal para la época y fundamental en el camino hacia los muscle cars.
A comienzos de los años 60, la guerra de cilindrada estaba en pleno auge. Pontiac aumentó el diámetro del Tempest-A y creó el 389, producido entre 1959 y 1966.
Este motor acompañó la transformación de Pontiac en protagonista del muscle car. Aunque estuvo presente en modelos familiares, brilló especialmente en el GTO. Con el famoso sistema Tri-Power, llegó a entregar hasta 345 hp y dio nacimiento a una leyenda.
En 1963 llegó un V8 más pequeño pensado para el LeMans y el Tempest. Aunque se llamó 326, en su primer año desplazaba 336 pulgadas cúbicas.
Ofrecía 250 hp con carburador doble y hasta 280 hp en versión de alto rendimiento. Más tarde se convirtió en el motor base del primer Pontiac Firebird, suficiente para entusiasmar a los fanáticos pese a no ser el más potente.
Presentado como opción en 1962, el 421 fue una evolución del 389 con mejoras internas y mayor cilindrada. Incluía componentes forjados y una construcción más robusta.
Con este motor, Pontiac ganó el campeonato NASCAR Grand National en 1962. El 421 Super Duty, con 405 hp, fue clave en las pistas y consolidó la reputación deportiva de la marca.
Uno de los motores más emblemáticos de Pontiac. El 400 pulgadas cúbicas fue el corazón de la era dorada del muscle car.
Debutó en 1967 y se convirtió en una opción popular para el Firebird y el GTO. Con versiones Ram Air que superaban los 360 hp, fue versátil, confiable y sobrevivió hasta 1978, algo poco común en motores de su clase.
Lanzado en 1970, el 455 fue la versión agrandada del 400. No era el más refinado, pero ofrecía un torque brutal.
Con hasta 370 hp y 500 lb-ft de torque, llegó justo antes de que las regulaciones y la crisis del combustible apagaran la fiesta. Aun así, impulsó al GTO y al Firebird durante varios años clave.
En los años 90, el espíritu muscle sobrevivía apenas. El Firebird de cuarta generación, producido entre 1993 y 2002, escondía más potencial del que aparentaba.
En las versiones Trans Am, el V8 LT1 de 5.7 litros entregaba entre 275 y 310 hp. Con caja manual y techo T-top, estos Firebird finales hoy son subestimados, pero podrían convertirse en futuros clásicos.
Antes de desaparecer, Pontiac tuvo un último golpe de efecto. En 2009 lanzó el G8 GXP, inspirado en el Holden australiano.
Con un V8 LS3 de 6.2 litros y más de 400 hp, fue el último muscle car de la marca. Sin el encanto retro de otros rivales, pero con potencia real, fue la despedida final de una leyenda.
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