El Impala SS de 1962 encarnó la obsesión de la época por los motores grandes en carrocerías ligeras. Con su motor V8 de 409 pulgadas cúbicas (6,7 litros) y 409 CV, este modelo se convirtió en un icono del rendimiento y la velocidad, ideal para los amantes de las pistas de drag.
El Series H Roadster, conocido como ‘Royal Mail’, fue el primer Chevrolet con el famoso logo ‘bow tie’. Su motor de 2,8 litros y 24 CV, transmitido a ruedas de madera mediante embrague cónico, marcó los primeros pasos de la marca hacia la excelencia automovilística.
El Corvette ZR1 de 2009 alcanzó los 205 mph y aceleraba de 0 a 100 km/h en 3,4 segundos. Conocido como ‘Blue Devil’ en su desarrollo, fue el coche de producción más rápido de GM en su momento, combinando diseño agresivo y tecnología punta en un deportivo inigualable.
El Suburban de 1935 fue un vehículo inteligente para la época, pensado para trasladar pasajeros y carga desde la puerta de su casa hasta la estación de tren. Con capacidad para ocho personas, se convirtió en la línea más longeva de la historia automovilística.
Diseñado por Bill Mitchell y Larry Shinoda, con ingeniería de Zora Arkus-Duntov, el Stingray de 1963 combinó proporciones perfectas con detalles contundentes. La versión split-window se considera aún hoy una de las mejores Corvette de todos los tiempos.
El Chevelle SS de 1970 transformó un coche familiar en un verdadero muscle car, con un V8 capaz de alcanzar 100 mph en apenas 13 segundos. Su transmisión ‘rock crusher’ ofrecía un rendimiento que pocos coches de producción podían igualar.
El Camaro Z/28 fue la respuesta de Chevrolet al Mustang. Con estética atractiva y múltiples opciones de motor y acabado, rápidamente ganó popularidad, consolidando a Chevrolet en la era de los ‘pony cars’ estadounidenses.
Este dos plazas mantuvo a Chevrolet como líder durante la Gran Depresión. Con un precio de 445 dólares y detalles de diseño inspirados en Cadillac, ofrecía estilo y prestaciones asequibles, destacando incluso por su motor conocido como ‘The Cast Iron Wonder’.
El Chevrolet Volt demostró que la marca podía innovar con éxito en ingeniería avanzada. Este vehículo eléctrico de autonomía extendida ganó numerosos premios, aunque generó pérdidas económicas, consolidando a Chevrolet como pionera en la transición hacia la movilidad eléctrica.
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