El Chevrolet Citation, lanzado en los 80, fue uno de los primeros intentos de General Motors por apostar por la tracción delantera, pero no fue un buen comienzo. Este modelo sufrió problemas graves con los frenos y las transmisiones, lo que llevó a constantes retiradas de vehículos y una pésima reputación. Aunque el Citation representaba un paso hacia la modernización para Chevrolet, su fallo en la calidad mecánica hizo que los compradores reconsideraran sus opciones. Fue un claro recordatorio de que no todas las innovaciones automotrices resultan en un éxito.
El Dodge Aspen de los años 70 tenía la intención de sustituir a los muscle cars clásicos, pero pronto se demostró que no estaba a la altura de las expectativas. Aunque su aspecto exterior era aceptable, el Aspen fue un coche propenso a la corrosión y sufrió problemas mecánicos recurrentes. Los componentes internos de baja calidad fueron los responsables de que este coche fuera incapaz de ofrecer una experiencia de conducción satisfactoria, y su fiabilidad dejó mucho que desear. Un coche que prometía más de lo que podía ofrecer.
El Pontiac Aztek, lanzado en 2001, es uno de esos coches que dejó a todos con la boca abierta, pero no por las razones que la marca esperaba. Con su diseño poco atractivo y sus materiales baratos, el Aztek rápidamente se convirtió en el blanco de bromas y críticas. Sin embargo, el mayor problema no fue solo su apariencia, sino la mala calidad de construcción y los continuos problemas mecánicos que sufría, lo que lo convirtió en uno de los coches más poco fiables de los 2000s.
El Ford Pinto se hizo tristemente famoso por sus problemas de seguridad. Fabricado en los 70, Ford intentó reducir costos en su producción, lo que resultó en un diseño que comprometió gravemente la seguridad del vehículo. La ubicación del tanque de combustible resultó ser un error fatal, ya que en caso de accidente, el Pinto tenía una alta probabilidad de explotar. Esto, combinado con problemas mecánicos, convirtió al Pinto en uno de los coches más peligrosos de su época, destacando en los titulares de noticias por las razones equivocadas.
El Chevrolet Vega de los años 70 es recordado como uno de los coches con mayor falta de fiabilidad de la historia. A pesar de su diseño atractivo y su nombre llamativo, el Vega fue una tragedia en términos de construcción. Con motores propensos al sobrecalentamiento y cuerpos que se oxidaban a una velocidad alarmante, este coche rápidamente ganó una mala reputación por su pésima calidad de materiales y fiabilidad. Si bien intentaba captar a los compradores con su estilo, sus defectos mecánicos y de durabilidad rápidamente hicieron que fuera un modelo a evitar.
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