¿Es la electrificación la única vía para las berlinas de lujo o todavía queda margen para evolucionar la combustión interna? Mercedes-Benz responde con la Clase S 2027, oficialmente un restyling, pero en la práctica una profunda reingeniería. La marca afirma haber desarrollado o mejorado cerca de 2.700 componentes, un dato que revela hasta qué punto este modelo va más allá de una actualización estética. El objetivo es claro: elevar dinámica, refinamiento y eficiencia sin alterar radicalmente la silueta más influyente del segmento.
Exteriormente, la Clase S mantiene su perfil inconfundible. Los cambios se concentran en los faros y pilotos traseros, ahora con firmas LED en forma de estrella que conectan con el nuevo lenguaje visual de Mercedes. Es una evolución medida, elegante y coherente con el estatus de buque insignia. No busca sorprender, sino reafirmar su identidad como referencia del lujo clásico en tiempos de transición tecnológica.
El verdadero protagonista es el motor. El conocido V8 biturbo de 4.0 litros (M177) ha sido rediseñado desde dentro. La transformación clave es la adopción de un cigüeñal plano en lugar del tradicional cruzado. Esta arquitectura, habitual en deportivos de altas prestaciones, reduce masas rotativas y mejora la respuesta al acelerador. Que una berlina de representación incorpore esta solución es una declaración de intenciones: el lujo también puede ser técnicamente audaz.
Mercedes asegura que el nuevo V8 ofrece una respuesta más inmediata, mayor eficiencia de combustión y menores emisiones, equilibrando rendimiento con normativas cada vez más estrictas. Debutará en el S 580 mild-hybrid con 530 CV, 34 más que el modelo saliente. Aunque aún no se han publicado cifras oficiales de par, las primeras impresiones apuntan a una entrega de potencia más plena y reactiva.
Las primeras pruebas, como las realizadas por CAR Magazine, destacan una respuesta más viva sin perder la suavidad que define a la Clase S. Es el concepto de “alto rendimiento silencioso”: potencia sin estridencias. Además, este V8 servirá de base para modelos como el AMG S 63 y el futuro CLE 63 AMG, marcando el inicio de una estrategia V8 más amplia dentro de la marca.
Si el exterior es conservador, el interior es disruptivo. Desaparecen las salidas de aire cuadradas y el esquema vertical clásico para dar paso a una interfaz inspirada en el EQS, dominada por grandes pantallas. Esta elección puede dividir a los puristas del lujo tradicional, pero promete enormes avances en usabilidad: software de última generación, funciones basadas en IA y actualizaciones remotas que convierten al coche en una plataforma digital en evolución constante.
Mientras BMW y Audi apuestan decididamente por la electrificación total con modelos como el i7 o el futuro A8 eléctrico, Mercedes elige un camino distinto: evolucionar su V8 en lugar de abandonarlo. Es una estrategia pensada para mercados donde la transición eléctrica es más gradual y el cliente aún valora el carácter mecánico. Como en la Fórmula 1, donde la marca dominó optimizando la tecnología híbrida, Mercedes demuestra que innovar no siempre implica borrar el pasado. La Clase S 2027 recuerda que el futuro del lujo también puede rugir… aunque lo haga en silencio.
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