El Chevrolet Impala SS 409, producido entre 1961 y 1965, es uno de los primeros grandes iconos del muscle car. Su V8 de 409 pulgadas cúbicas alcanzaba hasta 425 CV, convirtiéndolo en una referencia absoluta en aceleración.
Presentado en 1965, el Chevelle SS 396 se consolidó rápidamente como uno de los muscle cars más completos. Su V8 de 396 pulgadas cúbicas entregaba hasta 375 CV, ofreciendo prestaciones contundentes tanto en carretera como en pista.
Su estética musculosa, combinada con un interior bien resuelto, lo convirtió en uno de los modelos más deseados de la época. Hoy sigue siendo una pieza clave para cualquier coleccionista.
El Camaro Z/28 de 1967 nació con un claro enfoque competitivo. Su V8 de 302 pulgadas cúbicas fue desarrollado para cumplir con la normativa de la SCCA Trans-Am, priorizando equilibrio y altas revoluciones.
Ligero, preciso y eficaz, el Z/28 destacó tanto en circuito como fuera de él. Su diseño deportivo y su herencia racing lo consolidaron como uno de los grandes símbolos del muscle car americano.
El Chevrolet Nova SS, especialmente en su versión de 1968, demostró que el tamaño no lo es todo. Disponible con motores V8 de 327 y 396 pulgadas cúbicas, ofrecía un rendimiento sorprendente en un formato compacto.
Su planteamiento sencillo y su precio relativamente accesible lo hicieron muy popular. Bajo una apariencia discreta se escondía un coche capaz de plantar cara a rivales mucho más grandes.
El Chevrolet El Camino SS rompió esquemas al combinar el concepto de muscle car con el de pickup. La versión SS 454 de 1970, con hasta 450 CV, fue una de las más potentes jamás fabricadas.
Su mezcla de utilidad y prestaciones lo convirtió en un modelo único. Potente, llamativo y diferente, el El Camino SS ocupa un lugar especial en la historia del muscle car.
El Corvette Stingray L88, producido entre 1967 y 1969, es considerado uno de los Chevrolet más extremos de la era. Su V8 427 ofrecía una potencia real muy superior a la declarada oficialmente.
Pensado para la competición, incorporaba soluciones técnicas orientadas al rendimiento puro. Hoy es uno de los Corvette más raros y valorados jamás construidos.
El Monte Carlo SS 454 de 1973 combinaba lujo y músculo como pocos. Su V8 de 454 pulgadas cúbicas entregaba 360 CV, cifras notables para un coupé de enfoque más refinado.
Confortable, elegante y rápido, demostró que el muscle car también podía ser sofisticado sin renunciar a la potencia.
El Chevrolet Bel Air 409, especialmente el modelo de 1962, fue otro gran exponente del músculo clásico. Su V8 409 ofrecía distintas configuraciones de potencia, destacando por su aceleración.
Su diseño icónico y su rendimiento lo hicieron muy popular entre pilotos de drag y aficionados, asegurando su estatus como clásico.
El Chevrolet Biscayne 427 representaba la esencia más pura del muscle car: menos lujo y más rendimiento. Equipado con un V8 427, estaba pensado para quienes buscaban prestaciones sin adornos.
Su sencillez lo hizo muy apreciado en competición, donde su relación peso-potencia marcaba la diferencia. Un auténtico sleeper dentro de la gama Chevrolet.
Su sencillez lo hizo muy apreciado en competición, donde su relación peso-potencia marcaba la diferencia. Un auténtico sleeper dentro de la gama Chevrolet.
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