El Ford Mustang II King Cobra destacaba por su estética extrema, con gráficos llamativos, un spoiler delantero profundo y un gran alerón trasero. Todo en él sugería altas prestaciones, pero bajo el capó solo ofrecía un V8 302 con carburador de cuatro cuerpos que rendía apenas 139 CV, una cifra claramente insuficiente para un coche con aspiraciones de muscle.
El Cobra II apostó todavía más por el espectáculo visual, con franjas agresivas y falsas tomas de aire. Sin embargo, seguía basado en una plataforma compacta pensada para la eficiencia, no para el rendimiento.
Con el tiempo, quedó como ejemplo de muscle car de apariencia. Para Ford, marcó un punto en el que el Mustang empezó a priorizar la imagen sobre las prestaciones.
El Camaro Iron Duke combinaba uno de los diseños más atractivos de la saga con un motor claramente insuficiente. Su cuatro cilindros ofrecía prestaciones impropias de un pony car.
La decepción fue mayor precisamente por su estética. El coche parecía rápido, pero aceleraba como un modelo de enfoque claramente económico.
La Li’l Red Truck llamaba la atención por sus escapes cromados verticales y su imagen provocadora. Aunque montaba un V8 interesante, el conjunto de frenos y suspensión no acompañaba.
Podía destacar en línea recta, pero en conjunto era más un ejercicio de estilo que un verdadero vehículo de altas prestaciones.
El Mach 1 de 1973 conservaba un nombre mítico y una silueta imponente. Sin embargo, sus motores ya estaban muy recortados respecto a generaciones anteriores.
Las restricciones de la época lo transformaron en un coche más cómodo que deportivo, apoyado más en la nostalgia que en el rendimiento real.
El Challenger de 1974 mantenía una estética musculosa, pero su oferta mecánica había perdido fuerza. El aumento de peso y los motores limitados por emisiones afectaron claramente a sus prestaciones.
Su diseño seguía prometiendo velocidad, lo que hacía aún más evidente la falta de rendimiento.
7- 1972 Chevrolet Chevelle SS 454
El Chevelle SS 454 imponía por nombre, pero en 1972 el big-block ya estaba muy suavizado. La bajada de compresión redujo notablemente sus cifras reales.
Visualmente cumplía con todo lo esperado de un SS, pero la diferencia entre fama y prestaciones era ya evidente.
El Charger de 1974 cerró una etapa histórica. Aunque seguía siendo agresivo a la vista, su planteamiento era mucho más orientado al confort.
Este modelo resume la era Malaise: coches que seguían pareciendo rápidos, pero que habían dejado atrás el músculo que los hizo legendarios.
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