El mercado está saturado de crossovers. El Hornet aterrizó en un segmento desbordado de opciones. Los usuarios señalaban que el comprador tiene alternativas de casi todas las marcas, desde Mazda CX-50 hasta Honda CR-V, pasando incluso por el propio Dodge Durango. En ese contexto, el Hornet no ofrecía una respuesta clara a la pregunta esencial: “¿Por qué elegir este?”. En un océano de modelos competentes, ser “uno más” no alcanza.
El Hornet debutó sin el tradicional frontal con “crosshair” que muchos asocian con Dodge. Para los entusiastas, eso lo volvió anónimo. La cultura del automóvil vive de la identidad y la herencia, y muchos sintieron que el Hornet parecía avergonzado de ser un Dodge. En una marca construida sobre una actitud frontal y musculosa, ocultar el ADN visual fue visto como un error de base.
Compartir plataforma con el Alfa Romeo Tonale generó rechazo entre los fieles de Dodge. En los foros se debatía si no era, en esencia, un Alfa con otro emblema. La reputación de fiabilidad de la marca italiana no ayudó. Si la experiencia iba a ser “italiana”, muchos preferían comprar directamente el Alfa y, al menos, obtener algo de exotismo a cambio.
Los informes de confiabilidad fueron tibios y aparecieron recalls relevantes, como el del pedal de freno en los PHEV 2024. Para un modelo nuevo, empezar con dudas mecánicas es letal. Los entusiastas recordaban que los primeros años suelen traer fallos, pero en el Hornet parecían ir más allá de lo esperable. Cuando se pide al cliente que apueste por algo nuevo, la fiabilidad deja de ser un detalle y se convierte en un factor decisivo.
El precio fue uno de los puntos más criticados. Con un arranque cercano a los 33.000 dólares y más de 41.000 en el híbrido enchufable, muchos no veían la relación valor-producto. Por ese dinero podían acceder a modelos más consolidados, con mejor reputación y reventa. Dodge necesitaba que el Hornet se sintiera como una ganga deportiva; en cambio, pareció caro para lo que ofrecía.
El estilo no convenció. Para muchos, el Hornet era genérico, olvidable. Intentó ser elegante y agresivo a la vez, sin lograrlo del todo. La zaga fue especialmente criticada, como si el diseño se hubiese quedado a mitad de camino. En una marca conocida por llamar la atención, lanzar algo tan neutro fue visto como una traición a su esencia.
Esta queja se repitió con fuerza. Los entusiastas creen que Dodge necesitaba un sedán compacto con ADN deportivo, no otro SUV. Desde la desaparición del Dart, existe un vacío. La plataforma del Hornet podría haber dado vida a un coche bajo, ágil y distinto en un mercado dominado por importados. En cambio, Dodge eligió competir en el segmento más abarrotado, sin una ventaja clara en ejecución ni en precio.
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