El Chrysler Sebring de principios de los 2000 es conocido por problemas frecuentes en su transmisión automática. Cambios bruscos, deslizamiento de marchas y fallos prematuros eran habituales, incluso con mantenimientos correctos.
Este SUV de enfoque premium montaba la transmisión 5R55S, afectada por fallos en solenoides y embragues internos. Las reparaciones suelen ser costosas y, en muchos casos, superan el valor actual del vehículo.
Aunque ofrecía un diseño deportivo, el CX-7 presentaba problemas de tirones, cambios erráticos y fallos completos de transmisión, especialmente en unidades con alto kilometraje.
Equipado con la transmisión 4T65-E, este modelo registró numerosos casos de cambios duros y averías inesperadas. Un vehículo práctico en concepto, pero poco fiable en este apartado clave.
La transmisión automática de este Taurus sufrió fallos en el convertidor de par y desgaste prematuro. Muchos propietarios reportaron averías antes de alcanzar los 130.000 km.
Las versiones con caja automática de 5 velocidades mostraron problemas serios: entradas en punto muerto, cambios bruscos y fallos totales. Reparaciones complejas y elevadas en coste.
En versiones automáticas, el Cruze presentó problemas de cambios irregulares, tirones y fallos completos de transmisión. Un punto débil importante en un coche pensado para ser económico.
Este Sonata acumuló quejas por retardos al cambiar, deslizamiento de marchas y fallos tempranos. Muchos casos se dieron antes de los 160.000 km.
La transmisión Multitronic CVT fue especialmente problemática. Fallos internos, tirones y reparaciones muy costosas afectaron seriamente la reputación de estos modelos.
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