Tesla vuelve a estar en el centro del debate sobre la seguridad de la conducción automatizada después de que varios informes hayan relacionado dos accidentes mortales ocurridos en 2025 con sistemas de asistencia al conductor de Nivel 2 activos. Una investigación de Electrek ha cotejado información procedente de los informes de accidentes de Tesla con los siniestros y apunta a que la tecnología estaba activada en ambos casos. Los dos vehículos terminaron detenidos en carreteras con tráfico intenso antes de ser alcanzados por otros vehículos, aunque todavía no existe una conclusión definitiva que atribuya los accidentes al sistema.
El primero de los sucesos ocurrió a las 3:00 de la madrugada del 31 de octubre de 2025 en Mesa, Arizona, cuando un sedán Tesla quedó detenido en plena autopista y posteriormente fue embestido por una Ford F-350. El segundo tuvo lugar el 6 de octubre de 2025 en el condado de Seminole, Florida. En este caso, un Tesla Model 3 de 2020 se detuvo en el carril central de la I-4 y fue golpeado por un camión, siendo posteriormente desplazado contra otro vehículo pesado. Ambos accidentes terminaron con la muerte de los conductores de los Tesla.
La normativa estadounidense obliga a los fabricantes a comunicar determinados accidentes cuando un sistema de asistencia de Nivel 2 estuvo activado durante los 30 segundos anteriores al impacto. En el caso de Florida, el documento consultado por Electrek señalaba que la tecnología estaba «Activado verificado» y que el vehículo se encontraba detenido, con una velocidad registrada de 0 mph. Sin embargo, varios campos considerados información comercial confidencial aparecen censurados, entre ellos la descripción del accidente, la versión del software y si la carretera estaba dentro del área operativa autorizada del sistema.
Esta falta de información impide determinar con precisión si los vehículos utilizaban Autopilot o Full Self-Driving, así como conocer qué circunstancias llevaron a ambos automóviles a detenerse en vías rápidas. Una posible explicación podría estar relacionada con el conocido fenómeno del frenado fantasma, por el que un vehículo puede frenar ante un obstáculo que en realidad no existe, aunque también existen otras hipótesis, como una emergencia médica o que el conductor se quedase dormido. Por ahora, los datos disponibles no permiten establecer una relación causal definitiva entre la tecnología y los accidentes.
El debate llega además en un momento delicado para Tesla, que permanece bajo investigación de la NHTSA por la forma en que comunica los accidentes relacionados con sus sistemas de asistencia de Nivel 2. La compañía también ha recibido críticas anteriormente por la percepción de que sus tecnologías ofrecen capacidades superiores a las que realmente pueden proporcionar. A esto se suma otro accidente ocurrido en Clute, Texas, en mayo de 2026, en el que un Model 3 sufrió un siniestro a alta velocidad con el sistema de asistencia activado y murió su conductor, aunque nuevamente existen datos censurados que dificultan establecer las causas exactas.
Más allá de determinar qué ocurrió en cada accidente, estos casos ponen sobre la mesa un problema fundamental: Autopilot y Full Self-Driving no convierten un Tesla en un coche completamente autónomo. Los sistemas de asistencia requieren supervisión constante y pueden enfrentarse a situaciones que no son capaces de resolver correctamente. La creciente confianza de algunos conductores en estas tecnologías puede convertirse en un riesgo adicional si se interpreta que el vehículo puede asumir por sí solo todas las decisiones necesarias para circular con seguridad. Los accidentes recientes vuelven a demostrar que la conducción autónoma continúa siendo una tecnología en desarrollo y que todavía está lejos de ofrecer garantías absolutas en cualquier escenario.