Cuando el Jeep Compass debutó en 2007, muchos esperaban un auténtico todoterreno digno del emblema Jeep. Sin embargo, las primeras unidades ofrecían un enfoque claramente más urbano, con acabados interiores mejorables, abundancia de plásticos duros y unas capacidades off-road muy inferiores a las de modelos históricos como el Cherokee o el CJ. Aunque logró buenas ventas gracias al prestigio de la marca, numerosos compradores sintieron que el Compass no estaba a la altura de la tradición Jeep.
Presentado en 2019 como una revolución para el mercado de las pick-up eléctricas, el Tesla Cybertruck prometía un diseño futurista, paneles ultrarresistentes y un precio muy competitivo. Sin embargo, los retrasos en la producción, el incremento de precio y diversos problemas de calidad, como desajustes en la carrocería o acabados irregulares, empañaron su estreno. Su carrocería de acero inoxidable también ha generado críticas por su facilidad para marcarse y por un diseño que sigue dividiendo opiniones.
El Plymouth Prowler conquistó al público con una estética inspirada en los hot rods clásicos estadounidenses. No obstante, tras su llamativa apariencia se escondía un motor V6 que resultaba insuficiente para un coche con aspiraciones deportivas, además de la ausencia de una caja de cambios manual. Su escaso espacio de carga y un confort limitado terminaron alejándolo del concepto de deportivo que muchos esperaban.
El Hummer H2 nació como un símbolo de poder y robustez inspirado en el vehículo militar HMMWV. Sin embargo, la realidad era muy distinta. Su enorme consumo de combustible, elevados costes de mantenimiento, dificultades para maniobrar en ciudad y unas capacidades todoterreno inferiores a lo esperado hicieron que muchos propietarios terminaran desencantados. La subida del precio del combustible en 2008 aceleró aún más su pérdida de popularidad.
El regreso del Toyota Supra generó una expectación enorme tras quince años de ausencia. Sin embargo, la colaboración con BMW provocó que el modelo compartiera plataforma, motor y numerosos componentes interiores con el BMW Z4, algo que decepcionó a muchos aficionados. Aunque su comportamiento dinámico y su motor de seis cilindros turbo son excelentes, parte de los seguidores del Supra consideran que perdió parte de su identidad japonesa.
Las tercera y cuarta generación del Mitsubishi Eclipse abandonaron la receta que hizo famoso al modelo durante los años noventa. La desaparición de la tracción total y de los motores turbo más deportivos, junto con una puesta a punto enfocada al confort, hicieron que muchos entusiastas consideraran que el Eclipse había perdido completamente su personalidad. Las ventas terminaron reflejando ese desencanto.
El Nissan 350Z devolvió la vida a la histórica saga Z con un potente motor V6 y un diseño muy atractivo. Sin embargo, con el paso de los años muchos propietarios criticaron su habitáculo estrecho, la escasa visibilidad trasera, una suspensión demasiado dura para el uso diario y algunos problemas de transmisión en determinadas versiones. Aunque sigue siendo un deportivo muy respetado, no consiguió satisfacer todas las expectativas que había generado.
El DeLorean DMC-12 se convirtió en un mito gracias a su carrocería de acero inoxidable y sus icónicas puertas de ala de gaviota, inmortalizadas posteriormente en el cine. Sin embargo, quienes buscaban un auténtico deportivo encontraron un coche con prestaciones discretas, un motor V6 poco brillante y problemas de calidad durante sus primeros años de producción. Su leyenda supera ampliamente a sus cualidades dinámicas.
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