El Range Rover Evoque Convertible fue una de las propuestas más sorprendentes de Land Rover: transformar su SUV compacto de lujo en un descapotable de cuatro plazas. Su techo de lona retráctil se plegaba detrás del habitáculo, conservando una silueta relativamente elegante incluso con la capota abierta. Comercializado como modelo del año 2017, desapareció después de una trayectoria muy corta, con producción que terminó en 2018. Su escasa presencia en el mercado lo convierte hoy en una alternativa peculiar dentro del mercado de segunda mano. Quien esté interesado en una unidad debería comprobar especialmente el estado de la capota, sus mecanismos eléctricos y la estanqueidad del habitáculo.
El Nissan Murano CrossCabriolet combinó una carrocería de crossover con un techo de lona completamente plegable, una mezcla que prácticamente no tenía rivales directos. Se comercializó entre 2011 y 2014 y ofrecía tracción integral, cuatro plazas y una carrocería de dos puertas. La capota se recogía en la parte trasera, mientras que el diseño conservaba la imagen voluminosa y elevada del Murano convencional. Sin embargo, su planteamiento no consiguió crear una nueva tendencia entre los SUV familiares. Hoy es recordado como uno de los experimentos más extravagantes de Nissan y como un modelo que se atrevió a mezclar dos categorías que normalmente no suelen coincidir.
El Ford Bronco original convirtió el techo desmontable en una de sus características más atractivas. Lanzado en 1966, este todoterreno compacto ofrecía una carrocería sencilla y cuadrada, con una configuración que permitía disfrutar de la conducción al aire libre retirando el techo de determinadas versiones. Su tamaño relativamente contenido y sus capacidades fuera del asfalto lo hicieron popular entre quienes buscaban un vehículo para el campo y las actividades recreativas. Décadas después, el Bronco clásico se ha convertido en un modelo muy apreciado por coleccionistas. Al comprar uno usado, conviene comprobar qué techo conserva exactamente, ya que las configuraciones y modificaciones pueden variar considerablemente entre ejemplares.
El Geo Tracker fue uno de los SUV compactos que popularizaron los techos de lona durante los años noventa. También se comercializó con otros nombres, como Suzuki Sidekick y Pontiac Sunrunner, dependiendo del mercado. Algunas versiones equipaban un motor de gasolina de 1,6 litros y unos 80 CV, acompañado de una carrocería ligera que favorecía la sencillez de uso. No era un vehículo especialmente rápido, pero su combinación de tamaño reducido, tracción a las cuatro ruedas en determinadas configuraciones y techo desmontable lo convertía en una opción divertida para escapadas. Su filosofía era muy diferente de la de los SUV actuales, cada vez más grandes, pesados y centrados en el confort.
El Kia Sportage original ofreció una versión descapotable con techo de lona, una configuración muy diferente de la que caracteriza al modelo actual. La primera generación llegó en los años noventa y apostaba por una construcción más sencilla, con una orientación todoterreno mucho más marcada que la de los Sportage modernos. Su capota tenía un sistema de plegado peculiar, descrito en algunas publicaciones como parecido al mecanismo de una silla plegable. Esta solución permitía abrir el habitáculo sin recurrir a un techo rígido desmontable. La producción de aquella generación terminó en 2002, dejando atrás una versión poco conocida que hoy sorprende a quienes solo identifican el nombre Sportage con un SUV familiar convencional.
El Isuzu Amigo destacó por una carrocería de dos puertas y una configuración de techo que permitía abrir solo una parte del habitáculo. Comercializado en Estados Unidos durante los años noventa, se situaba entre los pequeños todoterrenos recreativos y los SUV compactos. Su solución no equivalía a retirar por completo todo el techo, pero aportaba una experiencia más abierta que la de un vehículo convencional. El Amigo tenía una personalidad propia gracias a sus proporciones compactas y su planteamiento sencillo, y se convirtió en otro ejemplo de la creatividad con la que los fabricantes experimentaron durante aquella década. Su diseño sigue siendo una rareza entre los todoterrenos clásicos.
El Suzuki Samurai combinó un tamaño diminuto con una carrocería que podía equiparse con techo de lona desmontable, una fórmula especialmente adecuada para la conducción recreativa. Su construcción ligera, los ejes rígidos y la distancia entre ejes reducida lo convertían en un vehículo ágil en caminos estrechos, mientras que la capota permitía disfrutar de una experiencia al aire libre sin recurrir a un descapotable tradicional. El Samurai también ganó popularidad entre los aficionados a las preparaciones todoterreno por su sencillez y sus posibilidades de modificación. Aunque sus prestaciones eran modestas, su bajo peso y su configuración 4×4 le daban una personalidad que muchos SUV modernos han dejado atrás.
El Chevrolet K5 Blazer ofrecía un techo rígido desmontable sobre la parte posterior de la carrocería, una característica que permitía convertir el gran todoterreno en un vehículo abierto. Lanzado en 1969, estaba basado en la arquitectura de las pick-ups de Chevrolet y apostaba por un formato mucho más grande que el de los pequeños SUV descapotables de los años noventa. Retirar el techo exigía más trabajo y espacio para guardar los paneles que plegar una capota de lona, pero el resultado proporcionaba una experiencia de conducción completamente diferente. El K5 Blazer se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos de SUV de tamaño completo capaz de prescindir de buena parte de su techo.
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