Durante décadas, los fabricantes estadounidenses han creado vehículos capaces de sorprender a cualquier aficionado al motor con un aspecto discreto y un rendimiento extraordinario. Uno de los mejores ejemplos es el Chevrolet SS, un sedán deportivo vendido entre 2014 y 2017 que nunca alcanzó grandes cifras de ventas, pero que terminó ganándose el apodo de “Corvette de cuatro puertas”. Su receta era sencilla y brillante: un diseño sobrio, espacio para toda la familia y el legendario motor V8 LS3 de 6,2 litros que también impulsaba al Corvette C6 y al Camaro SS de quinta generación.
El Chevrolet SS desarrollaba 415 CV y 560 Nm de par, suficientes para acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,5 segundos y alcanzar una velocidad máxima limitada de 257 km/h. Pero su atractivo no terminaba ahí. Incorporaba suspensión magnética Magnetic Ride Control, diferencial autoblocante, frenos Brembo, dirección precisa y, desde 2015, una transmisión manual de seis velocidades sin sobrecoste. Además, ofrecía un habitáculo con materiales de calidad, asientos de cuero calefactados y ventilados, Head-Up Display y un maletero de 460 litros, convirtiéndose en uno de los sedanes deportivos más completos de su época.
Pese a su apellido Chevrolet, el SS tenía raíces australianas. En realidad, era una adaptación del Holden Commodore VF, fabricado en la planta de Adelaide antes de ser exportado a Estados Unidos. Compartía prácticamente toda su arquitectura con el modelo australiano, incluyendo la posibilidad de montar el robusto motor LS3, conocido por su fiabilidad y enorme potencial para preparaciones. Sin embargo, la desaparición de Holden en 2020 y la corta vida comercial del SS aumentaron todavía más su exclusividad.
Su escasa difusión también explica por qué nunca consiguió el reconocimiento que merecía. Chevrolet apenas vendió 12.488 unidades en Estados Unidos durante toda su vida comercial, en un momento en el que los SUV dominaban el mercado y pocos compradores estaban dispuestos a pagar un precio elevado por un sedán V8. Aun así, el modelo también dejó huella en la competición al convertirse en la imagen de Chevrolet en NASCAR, donde logró múltiples victorias y campeonatos con pilotos como Jimmie Johnson y Kevin Harvick.
Con el paso del tiempo, el Chevrolet SS ha comenzado a ganar protagonismo entre coleccionistas y entusiastas. Actualmente, las unidades usadas suelen moverse entre 25.000 y más de 55.000 dólares, dependiendo de su estado y kilometraje, mientras que los ejemplares mejor conservados continúan aumentando de valor. A ello se suma una reputación de fiabilidad sobresaliente gracias al motor LS3, con costes de mantenimiento razonables para un deportivo V8 y numerosos propietarios que superan las 100.000 millas sin averías importantes. Todo apunta a que este sedán discreto, pero extraordinariamente capaz, será una de las futuras piezas más codiciadas del automovilismo americano.
Un superdeportivo de 622 caballos de fuerza que acelera de 0-60 mph en 3.5 segundos.
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Han renovado su contrato por 5 años más.