A comienzos de la década de los noventa, el segmento de las berlinas premium vivía una auténtica revolución. Mientras Lexus redefinía el lujo con el exitoso LS400, Mazda también soñaba con conquistar ese exclusivo mercado gracias al 929, conocido en Japón como Sentia. Equipado con tracción trasera, un refinado motor V6 y un nivel de confort propio de las grandes berlinas europeas, este modelo representaba la ambición de la firma de Hiroshima por competir frente a Mercedes-Benz, BMW y la propia Lexus. Sin embargo, la crisis económica japonesa truncó el nacimiento de la división de lujo Amati y el 929 terminó llegando a Estados Unidos bajo el emblema de Mazda, una decisión que condicionó para siempre su destino.
El Mazda 929 destacaba por una plataforma exclusiva de propulsión trasera, suspensión independiente en ambos ejes y un motor V6 DOHC de 195 CV que ofrecía una conducción extremadamente suave, silenciosa y confortable. Alcanzaba los 100 km/h en torno a los 8,5 segundos, una cifra competitiva para su época, mientras que su interior sorprendía con madera auténtica, climatizador bizona, asientos eléctricos de cuero, un sistema de sonido premium con 12 altavoces e incluso un innovador techo solar con panel fotovoltaico que alimentaba un ventilador para mantener fresco el habitáculo cuando el vehículo permanecía estacionado. Todo ello respondía a la filosofía Kansei de Mazda, centrada en ofrecer sensaciones de conducción refinadas y un confort superior.
A pesar de sus virtudes, el gran obstáculo del Mazda 929 fue el espectacular éxito del Lexus LS400. La nueva marca de lujo de Toyota ofrecía una experiencia premium completa, con concesionarios exclusivos, una imagen de marca mucho más sólida y un potente motor V8 de 250 CV que elevó el listón del segmento. Aunque el 929 costaba alrededor de 28.850 dólares frente a los más de 42.000 dólares del LS400, los compradores estadounidenses seguían asociando Mazda a modelos deportivos y asequibles como el MX-5 Miata, el RX-7 o el 323. Esa percepción impidió que el sedán alcanzara el éxito comercial esperado y acabó siendo sustituido en 1995 por el Mazda Millenia, heredero de la cancelada división Amati.
Lejos de desaparecer por completo, el Mazda 929 ha encontrado una segunda vida entre los aficionados a los clásicos japoneses. Mientras un Lexus LS400 bien conservado puede superar fácilmente los 20.000 dólares, es posible encontrar unidades del Mazda 929 por poco más de 10.000 dólares, convirtiéndose en una de las mejores oportunidades para quienes buscan una berlina clásica de lujo con tracción trasera, un elevado nivel de equipamiento y una calidad de construcción sobresaliente. Eso sí, como ocurre con cualquier vehículo de más de treinta años, conviene revisar cuidadosamente el estado de la carrocería, los componentes eléctricos y la disponibilidad de determinadas piezas específicas.
Aunque la marca nunca llegó a crear una división premium como Lexus, Acura o Infiniti, Mazda ha sabido reinventar su concepto de lujo durante los últimos años. Modelos como el CX-90 reflejan perfectamente esta filosofía gracias a interiores con cuero Nappa, tecnología de última generación, sistemas de sonido Bose, asistentes avanzados a la conducción y acabados que rivalizan con fabricantes de mayor prestigio. El legado del Mazda 929 sigue presente en esa búsqueda constante de ofrecer una experiencia premium sin disparar el precio, demostrando que aquella berlina fue mucho más que un proyecto olvidado: fue el primer paso hacia la Mazda sofisticada que hoy conocemos.
Un superdeportivo de 622 caballos de fuerza que acelera de 0-60 mph en 3.5 segundos.
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Han renovado su contrato por 5 años más.