Fiat busca una nueva razón de ser en Estados Unidos y su apuesta podría parecer extraña en un mercado dominado por enormes SUV y pick-ups. El protagonista es el Fiat Topolino, un pequeño vehículo eléctrico de baja velocidad con un precio inicial de 13.995 dólares, una cifra muy alejada de los más de 50.000 dólares que cuesta de media un automóvil nuevo en el país. Stellantis está dando prioridad a Jeep y Ram dentro de su estrategia norteamericana, pero Fiat podría encontrar su propio espacio aprovechando el crecimiento de la micromovilidad y de los vehículos eléctricos urbanos.
El Topolino no es un automóvil convencional, sino un LSV (vehículo eléctrico de baja velocidad) situado entre un coche tradicional y un carrito de golf. Sus dimensiones explican perfectamente su filosofía: mide 99,6 pulgadas de largo, 56,4 de ancho y 61,2 de alto, mientras que su peso ronda apenas las 1.073 libras, aproximadamente un tercio de lo que pesa un Fiat 500e. Su velocidad máxima es de 19 mph de serie, aunque un kit permite elevarla hasta 25 mph, suficiente para circular por determinadas vías urbanas dependiendo de las normativas locales.
La contrapartida está en sus prestaciones. La autonomía se limita a unos 46 kilómetros, mientras que los LSV tampoco pueden circular por autopistas, por lo que su utilización está claramente enfocada a trayectos urbanos y desplazamientos de corta distancia. Precisamente ahí reside su posible atractivo: para muchos conductores que apenas recorren unos pocos kilómetros al día, un vehículo extremadamente ligero, sencillo y barato puede resultar más lógico que adquirir un SUV eléctrico de varias toneladas.
La llegada del Topolino tiene además una importancia estratégica para Fiat. Las ventas de la marca en Estados Unidos han pasado de 43.772 unidades en su primer año completo, en 2012, a solamente 1.321 el año pasado, una caída que demuestra la dificultad de mantener una presencia relevante dentro del mercado estadounidense. Olivier François, máximo responsable de Fiat, ha definido la entrada del Topolino como una oportunidad para experimentar y aprender, con la posibilidad de aumentar los volúmenes si la respuesta del público resulta positiva.
El contexto puede jugar a su favor. El creciente interés por vehículos pequeños y asequibles coincide con el debate sobre el enorme tamaño y precio de los coches vendidos en Estados Unidos. Incluso Donald Trump ha mostrado interés por facilitar la llegada de vehículos pequeños al mercado estadounidense, incluyendo los diminutos kei cars japoneses. El Topolino, por tanto, aparece en un momento en el que una parte del mercado empieza a cuestionar si todos los desplazamientos urbanos necesitan vehículos grandes, pesados y caros.
Para Fiat, el verdadero éxito no consistiría necesariamente en vender millones de unidades, sino en demostrar que existe un público estadounidense dispuesto a adoptar una movilidad radicalmente diferente. Un precio de 13.995 dólares convierte al Topolino en una propuesta difícil de ignorar, aunque sus limitaciones impiden considerarlo un sustituto universal de un coche tradicional. Si la micromovilidad continúa creciendo y las normativas locales permiten una mayor expansión de estos vehículos, el diminuto eléctrico podría acabar siendo precisamente lo que Fiat necesita para recuperar protagonismo en Estados Unidos.
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