Uno de los concept más innovadores jamás creados. Su carrocería flexible de tela tensada sobre un armazón metálico permitía que el coche “cambiara de forma”. Atractivo y futurista, sí, pero imposible de mantener y producir a gran escala.
Un auténtico sueño americano sobre ruedas. Con un gigantesco motor V16 y una presencia digna de un jefe de estado, el Sixteen representaba el lujo absoluto. Su coste y complejidad técnica lo hicieron inviable, pero habría sido el Rolls-Royce estadounidense definitivo.
Este compacto de tracción trasera con estética retro era un guiño directo al mítico Camaro original. Ligero, juvenil y con proporciones deportivas, el Code 130R tenía todo para convertirse en un coupé accesible, algo que el mercado actual sigue reclamando.
Más moto que coche, el Tomahawk impresionaba con sus enormes ruedas y un motor V10 de origen Viper. Su diseño intimidante parecía salido de una película de ciencia ficción. No era práctico ni homologable, pero como ejercicio de ingeniería extrema fue una obra maestra.
Presentado como un adelanto del nuevo Fiat 500, el Trepiùno combinaba un diseño retro encantador con detalles muy peculiares. Su interior minimalista y sus formas redondeadas lo hacían único, pero algunos elementos extraños limitaron su paso a producción directa. Aun así, influyó claramente en el 500 moderno.
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