El Captur llegó a India con diseño europeo y motores fiables, pero nunca logró desbancar a rivales mejor posicionados como el Hyundai Creta. Su falta de identidad clara y una estrategia de mercado débil lo condenaron a ventas muy por debajo de lo esperado.
El Kizashi intentó llevar a Maruti Suzuki al terreno premium, pero su precio chocó frontalmente con la imagen económica de la marca. Pese a ser un buen producto, el público nunca aceptó pagar “precio alto por un Maruti”.
El Beta fue muy bien recibido por la prensa europea en los años 70, destacando por su comportamiento dinámico. No obstante, los graves problemas de corrosión arruinaron su reputación y alejaron a compradores fuera de Italia de forma definitiva.
El SSR apostó por una mezcla arriesgada: pickup retro con techo rígido retráctil y precio elevado. Ni era un deportivo real ni una camioneta funcional, y esa indefinición lo dejó sin público una vez pasada la novedad.
Pensado como sustituto del Neon, el Caliber fracasó por su interior barato, motores poco refinados y conducción insípida. Hoy es uno de los compactos menos deseados del mercado usado norteamericano.
El Vega debutó con premios y expectativas altísimas, pero sus fallos mecánicos y problemas de óxido lo convirtieron en uno de los mayores tropiezos de General Motors. Su mala fama sigue pesando décadas después.
El Pacer quiso revolucionar el diseño compacto con enormes superficies acristaladas, pero su peso, consumo elevado y problemas técnicos lo hicieron inviable tras la crisis del petróleo. Hoy es más una curiosidad histórica que una opción real de compra.
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