La Frégate fue el ambicioso intento de Renault por plantar cara al Citroën Traction Avant. Grande, pesada y poco ágil, ofrecía seis plazas y un enfoque confortable que nunca terminó de convencer. Su mecánica modesta y su dinámica torpe la lastraron, y pese a múltiples versiones, jamás alcanzó el prestigio esperado.
Estos grandes Alfa Romeo nacieron en un mercado italiano hostil a los coches ostentosos. Con motores refinados pero un planteamiento anticuado, el 2000 y el posterior 2600 no lograron destacar frente a berlinas más pequeñas de la propia marca. Hoy sobreviven más como iconos de cine que como éxitos comerciales.
Fiat entró en el segmento de las grandes berlinas con un seis cilindros elegante y potente, capaz de superar las 100 mph. Bien terminado y muy espacioso, incluso tuvo versión familiar de lujo. Sin embargo, su conducción torpe y su posicionamiento ambiguo limitaron su impacto.
Fabricado en España, el 3700 fue durante años el coche más grande producido en el país. Con seis cilindros y versiones automáticas, fue habitual entre altos cargos del régimen. Su elevado precio, la crisis del petróleo y su asociación política aceleraron su desaparición.
Creado para uso presidencial, el Présidence era puro lujo francés: interiores artesanales, cambio automático y detalles dignos de una limusina. Su V8 de origen Ford ya estaba desfasado, pero su imagen institucional lo convirtió en uno de los coches oficiales más singulares de Europa.
Diseñado entre varios países y sin una identidad clara, este Chrysler europeo prometía mucho sobre el papel. Aunque no era lento ni mal equipado, carecía de carácter y presencia frente a sus rivales. En España sobrevivió como taxi durante años, pero nunca fue deseado.
El Diplomat fue la apuesta más ambiciosa de Opel por el lujo. Con suspensión trasera De Dion, frenos de disco y, en su versión más llamativa, un V8 americano, ofrecía una personalidad única. Pese a su calidad, nunca logró desbancar a Mercedes en el segmento.
Renault recurrió a American Motors para ofrecer una berlina grande sin desarrollarla desde cero. El Rambler era sólido y cómodo, pero poco emocionante. Cuando se levantaron las barreras a los coches alemanes, su destino quedó sellado.
El último representante del BMW “barroco” combinaba un V8 de aluminio con un diseño ya superado. Fue el BMW más rápido de su época, pero el público prefirió la modernidad de la Neue Klasse. Su legado sobrevivió brevemente en el elegante coupé 3200 CS.
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