El Camry existe en silencio, como un mueble que solo notas cuando falta. Se siente suave en casi cualquier camino, estable sin exigir reconocimiento. Algunos días es solo un coche; otros, resulta más confiable de lo esperado. Lo conservas porque cambiarlo parece innecesario. Sigue ahí cada mañana.
El CR-V se posa en entradas de garaje como si perteneciera a todas partes. Es cómodo, poco exigente con el clima o la carga. A veces resulta simple, casi aburrido. Pero la gente los conserva más que a modelos más vistosos. Tal vez sea por los asientos o por su silencio constante.
El RAV4 avanza por la vida sin dejar huella. Es práctico de una forma discreta, pero rara vez decepciona. Aparcado parece más pequeño de lo que es. Al volante se siente fácil, casi olvidable. Quizá por eso tantos siguen ahí con el paso de los años.
El CX-5 tiene una agudeza que se suaviza en viajes largos. Se siente vivo en curvas y estable en recta. Su interior parece cuidado, quizá demasiado. Con los meses lo notas menos, pero aún es capaz de arrancarte una sonrisa en el momento justo.
El Outback parece preparado incluso en carreteras planas. Alto, estable, como si esperara lluvia o barro en cualquier momento. La mayoría de los días es simplemente cómodo. La lealtad hacia estos coches crece despacio. Tal vez exageren la idea de aventura, pero inspiran confianza.
El Tucson se integra sin esfuerzo, aunque destaca cuando queda solo. Sus líneas modernas no gritan. Conduce con menos esfuerzo del que aparenta. Se siente nuevo durante más tiempo que la media. Terminas acostumbrándote a quererlo en silencio.
El Telluride ofrece espacio sin imponerse. Es grande por dentro y sorprendentemente tranquilo por fuera. Se siente premium sin resultar distante. Las familias los conservan sin drama. Algunos días quizá sea “demasiado coche”, pero rara vez decepciona.
La Maverick se siente pequeña pero capaz, casi con desdén. Es fácil de aparcar y aún más de convivir. No está pensada para largas travesías, pero sorprende en calles estrechas. Vive cómodamente bajo el radar.
El Corolla Cross no busca protagonismo. Es un punto medio entre auto y SUV que simplemente funciona. Interior sencillo, marcha suave y consumo razonable. No emociona, pero nunca molesta. Es el tipo de coche que se vuelve parte del paisaje sin pedir permiso.
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