El Mitsubishi 3000GT VR-4 fue una demostración tecnológica brutal en los años 90: tracción total, doble turbo, aerodinámica activa y dirección a las cuatro ruedas. Su Active Aero ajustaba automáticamente alerones y spoilers a partir de 80 km/h, algo casi futurista para su época. Sin embargo, tanta complejidad terminó siendo su condena, ya que hoy mantener todos esos sistemas funcionando es caro y complicado, lo que lo relegó al olvido general.
El regreso del nombre GTO confundió a muchos, especialmente por su origen australiano basado en el Holden Monaro. Bajo su diseño discreto se escondía un auténtico misil, primero con el V8 LS1 de 350 CV y luego con el LS2 de 400 CV. Su excelente comportamiento dinámico nunca fue suficiente para compensar una estética demasiado sobria, convirtiéndolo en uno de los deportivos V8 más infravalorados del mercado usado.
El MR2 Spyder representó la apuesta de Toyota por la ligereza extrema y la pureza de conducción. Con apenas 1.000 kg de peso, motor central y tracción trasera, ofrecía una agilidad extraordinaria. Su problema fue una estética discutible y un espacio de carga casi inexistente, lo que limitó su atractivo comercial pese a ser uno de los deportivos más divertidos de su categoría.
El Nissan 240SX pasó de ser un coupé discreto a convertirse en leyenda gracias al drifting. Su equilibrado chasis, tracción trasera y enorme potencial de modificación lo hicieron irresistible para los preparadores. El problema es que la mayoría acabaron destrozados en circuitos improvisados, por lo que encontrar uno en buen estado hoy es una auténtica rareza.
El Saturn Sky Red Line fue un roadster inesperadamente competente, con un motor turbo de 260 CV y un diseño afilado de inspiración europea. Compartía plataforma con el Pontiac Solstice, pero la desaparición de la marca Saturn acabó enterrando su legado. Hoy es uno de esos deportivos que casi nadie recuerda, pese a ofrecer prestaciones dignas de modelos mucho más caros.
El Mazda RX-8 mantuvo viva la magia del motor rotativo, alcanzando las 9.000 rpm con una suavidad única. Sus puertas traseras de apertura inversa aportaban cierta practicidad, pero el consumo de aceite y los problemas de fiabilidad del motor Renesis terminaron cansando a muchos propietarios. Aun así, sigue siendo uno de los deportivos más singulares jamás producidos.
Con mecánica de Mercedes-AMG y un V6 sobrealimentado de 330 CV, el Crossfire SRT-6 era mucho más rápido de lo que su peculiar diseño sugería. Fabricado en Alemania, ofrecía prestaciones serias, pero su estética divisiva hizo que muchos lo descartaran sin darle una oportunidad. Hoy es un auténtico “sleeper” olvidado.
El Acura RSX Type-S fue uno de los últimos grandes coupés deportivos de tracción delantera de Honda. Su motor K20A2 atmosférico, capaz de girar alto y entregar 200 CV, lo convirtió en favorito de puristas y aficionados a los track days. Sin embargo, su perfil refinado y poco estridente lo mantuvo fuera del foco mediático, cayendo injustamente en el olvido.
El Ford Probe GT sufrió por su nombre y por una identidad confusa, pese a contar con un V6 de origen Mazda y un chasis bien afinado. Estuvo a punto de sustituir al Mustang, una decisión que habría cambiado la historia. En Europa tuvo una vida comercial breve y silenciosa, desapareciendo sin hacer ruido pese a ser un coupé notablemente competente.
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