La marca alemana rediseñó su identidad durante más de una década para adaptarse al mercado chino, su principal fuente de ventas. Bajo la dirección de Adrian van Hooydonk, apostó por parrillas gigantes y diseños polarizantes, priorizando ese mercado por encima del gusto global.
El problema no fue solo estético. Este SUV, con un precio cercano a los 50.000 dólares, fue criticado por sus plásticos duros y acabados de baja calidad. La experiencia interior dejó de sentirse premium, algo clave en este segmento.
El golpe llegó cuando el propio mercado chino reaccionó negativamente. Las ventas de BMW cayeron más de un 15% en la primera mitad de 2025, afectando directamente su estrategia global.
Las críticas fueron duras incluso desde dentro de la industria. Lutz calificó el diseño actual como “atroz”, cuestionando directamente la dirección tomada por la marca.
BMW apostó todo a una estrategia… y el mercado la obligó a corregir.
Mientras BMW recortaba en materiales, sus rivales ofrecían interiores más refinados por precios similares. Esto dejó en evidencia una pérdida clara de valor frente a la competencia directa.
No es la primera vez que BMW retrocede. Ya ocurrió con el polémico diseño de principios de los 2000, que también generó rechazo y obligó a cambios.
Ante el fracaso, la marca anunció un “reset” total. Este nuevo enfoque traerá diseños más equilibrados y el regreso a parrillas más pequeñas, inspiradas en modelos clásicos.
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