Deportivo ligero, tracción trasera y espíritu purista. El GR86 vive de la conexión con el conductor y pide a gritos una experiencia más expuesta. Con transmisión manual y ADN clásico, un techo abatible lo convertiría en un icono moderno del placer de conducción.
Muscle car puro, diseño retro y motores V8 que suenan a gloria. Resulta inexplicable que un coche tan ligado al verano y a la cultura americana no tenga versión convertible. En los 70 existió… y hoy la necesita más que nunca.
Un sedán que se siente como un deportivo. V6 biturbo, dirección precisa y diseño italiano cargado de emoción. Un Giulia descapotable elevaría su dramatismo y permitiría disfrutar su sonido y carácter sin filtros.
Líneas limpias, rendimiento instantáneo y una conducción silenciosa. Un Model 3 convertible llevaría la experiencia eléctrica a otro nivel, conectando el futuro con la sensación clásica de manejar a cielo abierto.
Elegancia, tracción trasera y ambición premium. El G70 tiene el porte y la mecánica para competir con los cabrios europeos. Un convertible reforzaría su imagen y lo pondría en otra liga emocional.
Precisión, carácter y ADN de circuito. Un Type R sin techo intensificaría la conexión con el conductor y recuperaría el espíritu más pasional del Civic. Radical, distinto y totalmente inesperado.
V8 sobrealimentado, cambio manual y brutalidad americana. En versión convertible sería una locura absoluta: lujo, ruido y potencia sin límites. No sería racional, pero sí legendario.
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