Entre enero y noviembre, Tesla vendió 55.594 vehículos en Corea del Sur, superando por primera vez las 50.000 unidades anuales desde su llegada hace ocho años. Sin vender un solo coche de combustión o híbrido, ya es la tercera marca importada del país, solo detrás de BMW y Mercedes-Benz. En este contexto, la posible llegada del Model Y con FSD supervisado abre una nueva etapa: ya no se trata de vender eléctricos, sino de redefinir cómo se conduce.
Tesla ya activó en Corea su sistema FSD Supervised en modelos de alta gama fabricados en EE. UU., insistiendo en que sigue siendo una asistencia de nivel 2 que exige atención constante. Sin embargo, las pruebas en el mundo real —mantenimiento de carril, control automático de velocidad y gestión de cruces— han elevado rápidamente la confianza de los usuarios. Incluso conductores inexpertos reportan una conducción notablemente más sencilla, señal de que no es un simple “gadget”.
Fuentes del sector indican que Tesla podría introducir en 2026 unidades del Model Y fabricadas en Estados Unidos. Hasta ahora, el mercado coreano ha dependido de Model Y producidos en China, más eficientes en logística. Pero el FSD está optimizado principalmente para vehículos estadounidenses. Este giro sugiere que Tesla prepara al Model Y para convertirse en el vehículo que masifique la autonomía supervisada.
Un acuerdo entre EE. UU. y Corea del Sur en noviembre eliminó el límite de 50.000 unidades para vehículos estadounidenses reconocidos bajo normas coreanas. Esto allana el camino para importaciones masivas sin certificaciones adicionales. Aunque implique subidas de precio, Tesla confía en que el atractivo del FSD mantenga la competitividad del Model Y como modelo global de alto volumen.
La ley coreana asigna toda la responsabilidad al conductor en sistemas por debajo del Nivel 3 de autonomía y exige intervención inmediata cuando el sistema lo solicita. Por eso, tanto Tesla como GM clasifican oficialmente sus tecnologías como Nivel 2. En caso de siniestro con FSD o Super Cruise, la culpa recae en el conductor, no en el fabricante. Este punto convierte a la responsabilidad legal en el verdadero límite de la autonomía.
Aunque Super Cruise de GM es un rival serio, su impacto es limitado. Tesla, con el alcance masivo del Model 3 y el Model Y, puede llevar la autonomía supervisada a escala nacional. Ese crecimiento probablemente vendrá acompañado de más incidentes y de una discusión pública más intensa. El debate ya no es de marcas: es una prueba de estrés para el marco legal coreano.
Con Model Y equipados con FSD circulando por Corea, conducir puede volverse más fácil que nunca. Pero la responsabilidad seguirá sobre los hombros del conductor. La tecnología avanza a velocidad de software; las leyes, a ritmo humano. Y en esa brecha se juega el verdadero futuro de la conducción autónoma.
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