El Corvette C6 Z06 representa el músculo americano en su versión más refinada y salvaje. Bajo el capó esconde el legendario V8 LS7 atmosférico de 7.0 litros, ensamblado a mano y capaz de entregar 505 CV sin necesidad de turbos. Gira alto, empuja con violencia y ofrece un sonido sencillamente demoledor. Con un peso inferior a los 1.450 kg y un 0-100 km/h en torno a los 3,5 segundos, sigue siendo extremadamente competitivo incluso hoy.
El Porsche Cayman S no juega la carta de la fuerza bruta, sino la del equilibrio absoluto. Con motor central y una dirección milimétrica, las generaciones 987 y 981 ofrecen una precisión de conducción que hace sentir al conductor como un piloto profesional en cada curva. Mientras el GT-R arrasa en rectas gracias a su tracción total y su potencia, el Cayman S conquista en carreteras reviradas.
El Audi TT RS es uno de esos coches que suelen pasar desapercibidos… hasta que aceleran. Su motor cinco cilindros turbo, heredero directo del legado de Audi en rally, entrega entre 360 y 400 CV según la generación. Combinado con la tracción total Quattro y un sistema de lanzamiento muy eficaz, firma aceleraciones de 0-100 km/h en torno a los 3,4–3,6 segundos, colocándolo directamente en territorio GT-R.
El Shelby GT350 es una bestia distinta. Prescinde de turbos y tracción total para apostar por un V8 atmosférico de 5.2 litros con cigüeñal plano, capaz de girar hasta las 8.250 rpm. El resultado son 526 CV y uno de los sonidos más memorables jamás montados en un coche de producción. Es visceral, inmediato y diseñado para ser exigido.
El BMW M2 Competition es uno de esos coches que hacen que cualquier trayecto sea especial. Monta un seis cilindros en línea biturbo de 3.0 litros, heredado de los M3 y M4, con 405 CV enviados al eje trasero. Su tamaño compacto y chasis rígido lo hacen rápido, ágil y tremendamente comunicativo.
El Toyota GR Supra 3.0 combina ingeniería alemana con precisión japonesa. Bajo su carrocería musculosa se esconde un seis cilindros en línea turbo de origen BMW que entrega 382 CV de forma progresiva y contundente. Ya sea en carreteras de montaña o en circuito, el Supra se siente equilibrado, rápido y muy capaz.
El Subaru WRX STI no iguala al GT-R en aceleración pura, pero aporta algo diferente: robustez, tracción y confianza absoluta en cualquier superficie. Su sistema de tracción total simétrica, el diferencial central regulable y su motor bóxer turbo lo hacen especialmente efectivo en carreteras reviradas y condiciones adversas.
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