El caso Honda muestra que invertir agresivamente en eléctricos sin una estrategia de transición sólida puede poner en riesgo décadas de beneficios. Mientras el mercado celebra récords de ventas, la empresa enfrenta un futuro financiero incierto, con fábricas vacías y una inversión millonaria que aún no rinde frutos.
El CR-V vendió 40.793 unidades en marzo, su mejor mes desde abril de 2025, y la Passport logró un récord de Q1 con 4.979 unidades. Integra creció un 42%, y Acura superó las 5.000 unidades combinadas. A pesar de los éxitos comerciales, los activos de EV sufrieron pérdidas de 5.200 a 7.000 millones entre tangibles e intangibles, dejando la rentabilidad en rojo.
Honda canceló los modelos Honda 0 SUV, Honda 0 Saloon y Acura RSX, con años de desarrollo y una planta Marysville completamente reconfigurada para EVs. La pérdida proyectada alcanzó 15.700 millones de dólares, convirtiendo un beneficio operativo esperado de 3.500 millones en una posible pérdida de 3.600 millones, y marcando el primer año de pérdidas desde 1957.
Según Honda, no pudieron ofrecer vehículos eléctricos con mejor relación calidad-precio que los nuevos fabricantes. La enorme inversión en EVs desvió recursos de los modelos de gasolina e híbridos, debilitando la base que debería haber financiado esta transición. Además, las tarifas sobre los coches fabricados en EE. UU. afectaron los márgenes, mientras los competidores chinos avanzaban más rápido.
Durante décadas, la lógica fue simple: mientras Honda vendiera coches, todo estaba bien. Pero la Prologue EV cayó un 65% de Q1 2025 a Q1 2026, mostrando que las ventas récord de híbridos no compensaban la caída de los eléctricos puros. La compañía mantenía la apariencia de salud mientras los márgenes empezaban a colapsar silenciosamente.
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