El 3000GT VR-4 fue un proyecto audaz de los años 90. Con tracción total, dirección en las cuatro ruedas, aerodinámica activa y suspensión ajustable electrónicamente, parecía más un concept car que un deportivo de calle. Aunque costoso y complejo, recompensaba a quienes valoraban innovación y estabilidad a alta velocidad, ofreciendo lujo y confianza en cada curva.
El RX-8 destacó por su motor rotativo de altas revoluciones y su distribución de peso equilibrada. Las puertas traseras con bisagras mejoraban la accesibilidad sin comprometer el estilo del cupé. Ligero y preciso, recompensaba a quienes buscaban dirección viva y diversión al volante, ofreciendo una experiencia más emocional que puramente rápida.
El GTV6 es la esencia de la pasión italiana: diseño clásico, motor Busso V6 y equilibrio de chasis. Cada viaje despertaba emociones gracias a su estilo europeo y maniobrabilidad en carreteras sinuosas. A pesar de la fama de fiabilidad variable, sigue siendo un coche muy apreciado por su carácter y sonido inconfundible.
El CR-Z combinaba eficiencia híbrida con conducción deportiva. Con transmisión manual y chasis ligero, ofrecía maniobrabilidad y respuesta sorprendente para un híbrido. No buscaba récords de velocidad, sino diversión en el día a día, convirtiéndose en un coche que recompensaba la conexión entre conductor y máquina.
El MR2 Spyder apostaba por la simplicidad: motor central, bajo peso y excelente equilibrio. Su precisión en curvas y respuesta del volante lo hacían ideal para quienes priorizan la conducción sobre la potencia bruta. Aunque no era el más rápido en línea recta, su manejo y feedback lo convirtieron en un roadster sumamente gratificante.
El 944, con motor delantero y transaxle trasero, ofrecía distribución de peso casi perfecta y manejo predecible. Su interior flexible y diseño atemporal lo hacían accesible para más conductores, manteniendo los estándares de rendimiento de Porsche. Hoy es reconocido como uno de los modelos más equilibrados y consistentes de la marca.
El Z32 combinaba un diseño moderno con motor V6, opcionalmente biturbo, y suspensión multienlace avanzada. Su estabilidad a alta velocidad y confort lo convertían en un gran turismo refinado. A pesar de estar a la sombra de otros íconos japoneses, sigue siendo un deportivo completo y confiable.
El Elan M100 adoptó tracción delantera, algo controvertido para Lotus, pero la ingeniería se centró en precisión y agarre. Ligero, con motor turbo y dirección comunicativa, ofrecía una experiencia de conducción excepcional. Su diseño y ejecución hicieron que la tracción delantera se sintiera divertida y gratificante, ganando aprecio con los años.
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