El Toyota Urban Cruiser tenía todas las apariencias de un coche interesante, con un diseño compacto y un nombre que evocaba la imagen de un SUV urbano. Sin embargo, cuando los consumidores lo probaron, descubrieron que el coche era un tanto aburrido. Con un interior soso, carente de personalidad, y un comportamiento de conducción plano, el Urban Cruiser no logró impresionar en un mercado lleno de opciones más emocionantes. Aunque su nombre sugería una propuesta dinámica y urbana, terminó siendo olvidado por la mayoría de los compradores.
El Honda CR-Z fue una de las grandes promesas de Honda, un coche híbrido que combinaba la estética y el espíritu deportivo del legendario CR-X con una eficiencia de combustible superior. Co-desarrollado con un experto en drifting japonés, el CR-Z prometía ser el coche perfecto para quienes querían un híbrido divertido. Sin embargo, ni su carácter deportivo ni su eficiencia energética fueron suficientes. No era lo suficientemente rápido y divertido para los fanáticos del rendimiento, pero tampoco lo suficientemente económico y práctico para los conductores que buscaban una opción ecológica. Como resultado, el CR-Z murió prematuramente, sin alcanzar el éxito que se le anticipaba.
El Jaguar XJR575 debería haber sido una máquina de lujo y rendimiento excepcional. Con un motor V8 sobrealimentado que entregaba 575 caballos de fuerza, este coche era capaz de alcanzar los 186 mph en tan solo 44 segundos. Sin embargo, la demanda por los modelos diésel y los cambios en la normativa WLTP terminaron con la producción del XJR575. A pesar de su impresionante rendimiento y el refinado chasis de Jaguar, este modelo pasó desapercibido para muchos y desapareció rápidamente del mercado. Su legado quedó eclipsado por otros modelos de la marca y la poca demanda de coches de lujo deportivos en mercados específicos.
El DS 5, lanzado por la marca premium francesa DS Automobiles, fue un modelo que se presentó como una mezcla de berlina y coupé deportivo, con una estética elegante y una calidad interior de lujo. Sin embargo, el coche fue una edición limitada que no logró encontrar su público. Su suspensión deportiva, aunque ideal para una conducción dinámica, resultaba demasiado rígida para un coche de este segmento, lo que afectaba la comodidad de conducción. A pesar de su atractivo diseño y su tecnología avanzada, el DS 5 no logró superar las expectativas en ventas.
El Alfa Romeo 4C se presentó con todos los ingredientes para ser una estrella: un chasis de fibra de carbono, un motor turboalimentado de tamaño medio y un diseño espectacular. Todo parecía apuntar a que este coche sería una referencia en el mundo de los deportivos asequibles. Sin embargo, el manejo del 4C dejó mucho que desear. Su suspensión, a menudo inestable, y su direccionalidad excesivamente nerviosa fueron factores que impidieron que el modelo se consolidara. Además, el ruido excesivo del motor hizo que muchos conductores se sintieran incómodos, alejando al 4C del éxito comercial.
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