El Aston Martin Atom de 1940 es uno de esos vehículos que estuvo a punto de cambiar la historia, pero nunca pasó de ser un concepto. Este sedán, con un estilo dramático para la época, estaba inicialmente equipado con un motor de 2.0 litros, que luego fue reemplazado por un motor ligeramente más grande de válvulas a empuje en 1944. Su diseño era revolucionario, pero la falta de interés comercial y su alto coste de producción lo condenaron al olvido. A pesar de que el fundador de Aston Martin, David Brown, lo condujo poco antes de decidir comprar la compañía, el Atom nunca llegó a ver la luz en las líneas de producción.
El Mazda RX-500, de 1970, parecía tener todas las características de un superdeportivo: forma en cuña, puertas de alas de gaviota, motor central y una estética muy moderna para su tiempo. Sin embargo, este vehículo no era solo un ejercicio de diseño. Mazda lo desarrolló como un concepto para mostrar su investigación en seguridad. Este vehículo, que estaba equipado con un motor de dos rotores, incluía una fila de luces en la parte trasera para indicar la velocidad o desaceleración del coche a los conductores que seguían, una tecnología innovadora en su época. Aunque parecía que Mazda estaba creando un supercoche, el RX-500 nunca se fabricó.
El Nissan 126X es otro concepto de 1970 que, como el Mazda RX-500, poseía una forma en cuña y una serie de elementos innovadores para la época. A diferencia de los superdeportivos tradicionales, este concept tenía una estructura que se abría mediante un techo y parabrisas abatibles, lo que facilitaba el acceso al interior. Esta característica de acceso único a través de una cubierta que se abría desde el frente lo hacía aún más peculiar. Aunque visualmente no alcanzaba la elegancia de otros concept cars de la época, la innovación en su diseño de acceso y su peculiar estética lo hicieron memorable, aunque nunca pasó a producción.
El Ford Cirrus de 1972 estaba basado en el Ford Escort RS1600, la versión deportiva del popular sedán de la marca. Sin embargo, su diseño rompía por completo con lo convencional. Fue creado a partir de un concurso de diseño organizado por el Institute of British Carriage and Automobile Manufacturers, y promovido por el Daily Telegraph. La propuesta ganadora fue de un diseñador profesional que trabajaba para Chrysler, lo que provocó que el Cirrus tuviera un aire completamente distinto al de otros modelos de Ford en esa época. Aunque mecánicamente no era una revolución, su diseño aerodinámico y su carrocería fastback lo hicieron un concepto fascinante.
El Volvo VESC (Volvo Experimental Safety Car) de 1972 fue un concept que adelantó muchas de las características de seguridad que hoy en día son estándar en todos los vehículos. En el VESC se incorporaron múltiples innovaciones como airbags, reposacabezas automáticos, frenos antibloqueo, corte automático del suministro de combustible y un sistema de jaula antivuelco integrada. Además, su volante se retiraba en caso de impacto frontal, una característica revolucionaria en su tiempo. Aunque el VESC nunca pasó de ser un prototipo, muchas de sus características de seguridad se incorporaron en los vehículos de la serie 200 de Volvo, que salieron al mercado en 1974.
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