El Pontiac Fiero prometía ser un deportivo revolucionario, pero terminó siendo un desastre. Fallos en el motor provocaban incendios, mientras que el uso de piezas recicladas afectó seriamente su calidad. Un proyecto ambicioso que salió muy mal.
El Smart ForTwo destacó por su tamaño, pero no por su conducción. Su transmisión automatizada era lenta y brusca, y su suspensión rígida generaba un andar incómodo. Más práctico en teoría que en la realidad.
El Suzuki X-90 es un claro ejemplo de concepto mal ejecutado. Intentó ser SUV y deportivo al mismo tiempo, pero no logró ser bueno en ninguno. Poco potente, incómodo y con pobre comportamiento dinámico.
El Chevrolet SSR combinaba estética llamativa con un rendimiento decepcionante. Su peso elevado y prestaciones pobres lo alejaban de cualquier idea de deportivo, pese a su precio elevado.
El Plymouth Prowler parecía un muscle car extremo, pero escondía un motor V6 sin carácter. Su rendimiento no estaba a la altura de su diseño, convirtiéndolo en una gran decepción para los entusiastas.
El Mercedes-Benz SLK320 innovó con su techo retráctil, pero esa complejidad técnica trajo problemas. Fallos en los sistemas hidráulicos y altos costes de mantenimiento afectaron su reputación.
El Toyota MR2 tenía gran potencial, pero su comportamiento era traicionero. El sobreviraje repentino lo hacía difícil de controlar, convirtiéndolo en un coche peligroso para conductores sin experiencia.
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