El AMG Hammer es leyenda pura. Nacido cuando AMG aún era un preparador independiente, montaba un enorme V8 en una aparentemente tranquila berlina Mercedes. Años antes del 500E, el Hammer redefinió el concepto de coche familiar rápido y marcó el camino de lo que hoy entendemos como altas prestaciones de cuatro puertas.
Antes incluso de que BMW lanzara sus primeras berlinas M, Alpina ya jugaba en otra liga. El B7 Turbo fue durante años la berlina de cuatro puertas más rápida del mundo, combinando discreción alemana con prestaciones explosivas. Un claro precursor de las superberlinas modernas.
Mientras el Pantera acaparaba titulares, De Tomaso pensó en los entusiastas con familia. El Deauville ofrecía cuatro plazas reales, un potente V8 y un diseño elegante, permitiendo disfrutar de altas prestaciones sin sacrificar practicidad. Era la respuesta lógica para quienes querían impresionar… con hijos incluidos.
El Monica 560 aspiraba a ser el heredero espiritual del Facel Vega. Su desarrollo fue complejo, pasando de un modesto cuatro cilindros a un poderoso V8 de origen racing. El resultado fue un gran turismo familiar exclusivo, rápido y refinado, aunque condenado por los retrasos y los costes a convertirse en una rareza histórica.
Cuando Iso presentó el Fidia, sorprendió al mundo con una berlina de cuatro puertas que el propio fabricante definía como “los cuatro asientos más rápidos del mundo”. Con mecánica V8 americana y diseño italiano, el Fidia era el coche ideal para quien quería viajar con la familia… sin renunciar a prestaciones de alto nivel.
En el corazón del Dodge Coronet Deluxe latía el legendario V8 426 Hemi, apodado “Elephant engine” por su tamaño y brutalidad. Creado para homologar la mecánica de competición, el Street Hemi convirtió a este familiar americano en una máquina temible en línea recta, capaz de dejar atrás a muchos deportivos europeos.
El Maserati Quattroporte original fue un auténtico punto de inflexión. Primer cuatro puertas de la marca y primer Maserati de producción con motor V8, combinaba inspiración de un exclusivo 5000GT con la posibilidad de viajar en familia a velocidades propias de un gran turismo. Nacía así el concepto de superberlina italiana.
Jaguar ya había demostrado su carácter deportivo con el Mk1, pero el Mk2 3.8 llevó la receta a otro nivel. Más potente, más rápido y más refinado, se convirtió en un icono tanto en carretera como en competición. En manos de leyendas como Moss o Hawthorn, esta berlina familiar mostró que el lujo británico también sabía correr, y mucho.
En los primeros años de la NASCAR, los coches de carreras eran auténticos modelos de calle. El Hudson Hornet de 1951 reinó gracias a su innovador chasis “step-down”, que rebajaba el centro de gravedad frente a sus rivales. Basado en el Commodore, este familiar camuflado de stock car dominó los óvalos estadounidenses y sentó las bases de lo que significaba ser rápido… con cuatro plazas reales.
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