Hyundai quiso que el Ioniq 9 representara el futuro, pero terminó creando un SUV eléctrico sobredimensionado y confuso. Su diseño parece pedir disculpas por ocupar tanto espacio, mientras que el interior rebosa tecnología que más que ayudar, interrumpe. La suspensión es cómoda, pero la dirección transmite poca conexión. En conjunto, se siente más como un conjunto de dispositivos que como un coche bien integrado, excesivo para el uso diario y carente de una identidad clara.
El Bigster llega con un nombre prometedor, aunque la realidad es mucho más modesta. Dacia intentó dar un salto hacia lo robusto, pero el resultado se queda en un crossover correcto y sin ambición real. El interior prioriza la durabilidad por encima del agrado, y la conducción es funcional pero plana. Es honesto y económico, sí, pero su intento de parecer más grande de lo que es termina siendo simpático más que convincente.
El Kia EV4 quiere ser el eléctrico alternativo y acaba pareciendo un concept car aprobado por error. Su diseño anguloso llama la atención, aunque no siempre juega a su favor, y el interior minimalista roza lo impersonal. El sistema eléctrico cumple, pero carece del carácter que hizo destacar a otros EV de la marca. Es un coche respetable, aunque difícil de recordar una vez te bajas de él.
El BMW iX3 renovado continúa la ofensiva eléctrica de la marca, pero sin emoción. Los cambios exteriores son casi invisibles y el interior refuerza la obsesión de BMW por las pantallas. Dinámicamente es correcto, suave y silencioso, pero también demasiado prudente. Es un coche que evita cualquier riesgo, y en ese intento de no molestar a nadie, termina pasando desapercibido.
Resucitar el Renault 4 era una apuesta valiente, pero la versión 2025 no logra capturar el encanto del original. Los guiños retro existen, aunque las proporciones resultan algo torpes. Su mecánica eléctrica es suficiente sin destacar, y el interior se queda a medio camino entre nostalgia y coche de alquiler simpático. La idea era buena; la ejecución, irregular.
El Temerario es puro espectáculo, pero también parece el Lamborghini más inseguro de sí mismo en años. Su diseño exagera cada rasgo hasta el límite, como si necesitara demostrar constantemente que sigue siendo radical. El sistema híbrido es potentísimo, pero la experiencia se siente más calculada que salvaje. Sigue siendo impactante, aunque le falta esa locura visceral que definía a los Lamborghini más icónicos.
El nuevo Twingo eléctrico vuelve con la promesa de ser urbano y accesible, pero pierde la chispa que lo hizo especial. Su diseño es agradable, aunque genérico, y el interior es tan básico que roza lo improvisado. Es práctico, barato y fácil de aparcar, pero también olvidable. El espíritu juguetón del Twingo original parece haberse quedado por el camino.
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