El Mazda CX-5 fue durante años el gran referente de la marca japonesa, gracias a su excelente comportamiento dinámico, su diseño atractivo y un interior que destacaba por la calidad de sus materiales. Sin embargo, la llegada de la tercera generación no está teniendo el estreno esperado. Aunque hablar de fracaso sería precipitado, las ventas del modelo han descendido mientras el Mazda CX-50 gana cada vez más cuota de mercado, una situación que refleja un periodo de transición, pero también cierta resistencia por parte de los clientes a las decisiones adoptadas por el fabricante.
Las cifras respaldan esta tendencia. Durante los primeros meses del año, el CX-5 registró una caída cercana al 19 % respecto al ejercicio anterior, mientras que el CX-50 disparó sus matriculaciones con un crecimiento superior al 100 %. Buena parte de esta diferencia se explica por la convivencia entre ambas generaciones del CX-5 y la normalización del inventario en los concesionarios, aunque también existen críticas hacia la nueva experiencia tecnológica del SUV, especialmente por la desaparición de algunos controles físicos que tanto apreciaban los usuarios.
El precio del Mazda CX-5 2026, situado entre los 29.990 y los 38.990 dólares antes de gastos, sigue siendo competitivo dentro del segmento. Sin embargo, el rediseño ha eliminado elementos muy valorados por los conductores. La desaparición de la clásica rueda para controlar el volumen, sustituida por controles táctiles, junto con la integración del climatizador en la pantalla multimedia, obliga a navegar por distintos menús para realizar funciones básicas. Muchos propietarios consideran que esta solución resta comodidad y obliga a desviar más la atención durante la conducción.
A ello se suma otra decisión polémica: Mazda ha prescindido del conocido motor turbo de hasta 256 CV, dejando únicamente el propulsor atmosférico de 187 caballos. Aunque este bloque sigue ofreciendo una conducción refinada y eficiente, numerosos aficionados consideran que el CX-5 ha perdido parte de su carácter deportivo, uno de los rasgos que lo diferenciaban frente a muchos de sus rivales y que lo convirtió en uno de los SUV compactos más recomendables del mercado.
Paradójicamente, el principal competidor del nuevo CX-5 está dentro de la propia gama de Mazda. El CX-50 ofrece versiones turboalimentadas e híbridas, además de una imagen más aventurera que está conquistando a numerosos compradores. Su crecimiento comercial demuestra que muchos clientes encuentran en él aquello que esperaban del nuevo CX-5, especialmente quienes buscan un SUV compacto con mejores prestaciones y una oferta mecánica más completa.
Pese a todo, Mazda mantiene la confianza en el futuro del CX-5. La marca considera que sigue siendo uno de sus modelos más importantes y ya trabaja para reforzar su gama con futuras variantes híbridas. Además, los responsables de la firma esperan que las ventas conjuntas del CX-5 y el CX-50 alcancen unas cifras muy elevadas durante 2026, dejando claro que el supuesto fracaso del nuevo SUV podría ser simplemente una fase de adaptación antes de recuperar su protagonismo.