Las luces diurnas LED se han convertido en un elemento prácticamente imprescindible en los coches modernos. Audi fue una de las marcas que popularizó esta tecnología en 2004 con el A8 W12, mientras que Lexus incorporó posteriormente los faros LED en el LS. Desde entonces, los LED han pasado de ser un equipamiento exclusivo de modelos de lujo a aparecer incluso en los coches más económicos.
Sin embargo, el paso del tiempo está dejando al descubierto un problema que afecta a vehículos de todo tipo. Es posible encontrar luces diurnas amarillentas en modelos de Audi, Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz o Tesla, aunque ningún fabricante está completamente libre de este fenómeno. El problema suele ser especialmente visible cuando una parte de la tira LED cambia de color y el resto continúa ofreciendo una iluminación blanca.
La explicación principal está en el calor acumulado dentro del conjunto óptico. Los módulos que alimentan las luces LED pueden alcanzar temperaturas elevadas y, al encontrarse dentro de una carcasa prácticamente cerrada, ese calor puede deteriorar con los años los materiales encargados de transportar la luz. Los tubos o elementos acrílicos pueden terminar quemándose, deformándose o adquiriendo un tono amarillento.
El propio funcionamiento del LED también ayuda a explicar el cambio de color. Aunque normalmente percibimos estas luces como blancas, los LED utilizados generan luz azul y emplean una capa de fósforo amarillo para conseguir el tono final. Cuando esa capa se degrada debido al calor, la exposición ultravioleta y el envejecimiento de los materiales, el color de la luz puede cambiar progresivamente.

La buena noticia es que una luz diurna amarillenta no significa necesariamente que haya que sustituir todo el faro. Dependiendo del diseño del vehículo y del tipo de avería, existen diferentes soluciones. Algunos fabricantes incluso han publicado boletines técnicos para determinados modelos, aunque generalmente no se considera un problema de seguridad que implique una llamada a revisión.
Si el coche todavía está en garantía, la primera opción debería ser acudir al fabricante o al concesionario. Cuando el vehículo ya está fuera de cobertura, algunos especialistas pueden desmontar el faro y trabajar sobre la zona afectada. En determinados diseños es posible retirar la capa deteriorada mediante pulido o herramientas específicas y recuperar parte del aspecto original.
Otra alternativa consiste en sustituir el módulo o la placa electrónica de los LED cuando el fabricante permite realizar esa operación por separado. El problema aparece cuando el faro está completamente sellado o cuando el calor ha deformado gravemente sus componentes internos. En ese escenario, la reparación puede dejar de ser viable y la solución pasa por cambiar el conjunto óptico completo, una operación que puede resultar muy costosa.
Prevenir el problema tampoco es sencillo, porque depende en gran medida del diseño del faro y de la calidad de los componentes utilizados. Reducir el tiempo que los LED funcionan a máxima intensidad puede ayudar a limitar la acumulación de calor, por lo que utilizar correctamente los modos automáticos de iluminación puede ser beneficioso en algunos vehículos. También conviene revisar cualquier signo de humedad dentro del faro, ya que la entrada de agua puede acelerar el deterioro de sus componentes.
En cualquier caso, que las luces LED se vuelvan amarillas no significa que vaya a ocurrir en todos los coches. Hay vehículos con más de una década de antigüedad que mantienen sus luces diurnas perfectamente blancas, mientras que otros pueden presentar el problema mucho antes. El diseño del conjunto óptico, la gestión térmica, los materiales empleados y las condiciones de uso tienen una influencia decisiva.
Por eso, si empiezas a detectar que una de las luces diurnas está cambiando de blanco a amarillo, conviene actuar cuanto antes. Detectar el deterioro en sus primeras etapas puede permitir una reparación más sencilla y económica, mientras que esperar hasta que el módulo quede completamente quemado o deformado puede obligar a sustituir todo el faro. En los coches actuales, donde un faro puede incorporar electrónica, sensores y múltiples módulos, esa diferencia puede traducirse en cientos o incluso miles de euros.
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