De aprobarse esta medida, los suecos tendrían sólo veinte años para cambiar de auto y sumarse a los eléctricos o a aquellos propulsados por hidrógeno. Sí, porque los híbridos (que montan motores de gasolina o de gasóleo combinados con propulsores eléctricos), tampoco podrían circular por las carreteras del país.
No obstante, esta medida no deja de ser un proyecto de ley. No hay que olvidar que, si así fuera, la propia industria automovilística sueca se podría ver afectada. Tanto Volvo como Saab son marcas que suelen montar motores vigorosos, aunque también cuentan con modelos que funcionan con etanol, un derivado de la gasolina fabricado con caña de azúcar más respetuoso con el medio ambiente. Además, los dos fabricantes se están dedicando en la actualidad a investigar la propulsión eléctrica. Sin embargo, a día de hoy, sus ingresos provienen de productos alimentados con combustible tradicional.
De todos modos, no es tan descabellado que la propuesta se haga real: ni la opinión pública, ni los grupos políticos la han rechazado explícitamente. De hecho, muchos aprueban adoptar una política medioambiental más estricta.
Parece que las exigencias ecológicas van a acabar con el concepto actual del automóvil. Cada vez se demuestra más claramente: el futuro de los autos, al menos a corto y mediano plazo, es eléctrico. Si los japoneses llevan la voz cantante en este área, lo cierto es que algunos países europeos no quieren quedarse atrás.
Mazda y Toyota celebran un millón de vehículos producidos en su planta conjunta de Alabama apoyando a la comunidad local.