La llegada de la matrícula 76 en Reino Unido vuelve a despertar, como cada septiembre, el interés por estrenar coche. Sin embargo, en el caso de los eléctricos conviene mirar más allá de la novedad: los modelos actuales ofrecen mejores autonomías, cargas más rápidas, software más avanzado y, en algunos casos, precios más competitivos, pero la depreciación de los eléctricos usados ha creado oportunidades difíciles de ignorar. Para quien busca la última tecnología, una unidad nueva tiene argumentos sólidos; para quien prioriza el valor, un eléctrico de dos o tres años puede ser una compra mucho más inteligente.
Comprar un eléctrico nuevo permite acceder a la batería completamente nueva, garantía completa, sistemas de seguridad actualizados y las últimas mejoras en eficiencia y carga. La evolución del segmento sigue siendo especialmente rápida, por lo que entre un modelo lanzado hace tres años y uno recién presentado puede existir una diferencia considerable en autonomía, velocidad de recarga, gestión energética y sistemas de asistencia. Además, quien pretende conservar el vehículo durante muchos años puede valorar especialmente la tranquilidad de estrenar unidad y configurar exactamente el equipamiento deseado. Pero esa ventaja tecnológica tiene un precio y, precisamente por la rápida evolución del mercado, los eléctricos nuevos pueden sufrir una depreciación importante durante sus primeros años.
Ahí aparece una alternativa cada vez más interesante. La combinación de rebajas en los coches nuevos, descuentos de los fabricantes, vehículos procedentes de flotas y la rápida evolución tecnológica ha provocado fuertes caídas de precio en numerosos eléctricos usados. Las cifras del mercado británico reflejan este cambio: entre abril y junio de este año se vendieron 110.761 eléctricos de segunda mano, un 67 % más que durante el mismo periodo del año anterior, alcanzando además un récord del 5,5 % de las operaciones de usados. Incluso Auto Trader detectó en julio un incremento interanual del 3,3 % en los precios de vehículos eléctricos usados similares, una señal de que la demanda empieza a absorber parte del exceso de depreciación.
La batería continúa siendo el principal temor de muchos compradores, pero los datos disponibles invitan a ser más tranquilos. Un estudio realizado sobre más de 22.000 coches eléctricos encontró una degradación media de poco más del 2 % anual, por lo que una batería con tres o cuatro años no debería considerarse automáticamente deteriorada. Eso sí, antes de comprar un eléctrico usado es recomendable realizar una comprobación específica de su estado, revisar la garantía restante de la batería, verificar las actualizaciones de software, comprobar que estén todos los cables de carga y analizar durante la prueba de conducción si la autonomía y el consumo son razonables. También hay que tener claro el uso que se hará del coche: un modelo antiguo con 150 o 200 millas reales de autonomía puede ser perfecto para trayectos urbanos y desplazamientos diarios, pero no necesariamente para quien recorre 300 millas cada día.
La elección, por tanto, depende mucho más de las necesidades reales que del atractivo de una matrícula nueva. Un eléctrico de dos o tres años puede conservar una autonomía más que suficiente, carga rápida, buen sistema multimedia y prácticamente todos los asistentes de conducción que se encuentran en modelos actuales, además de beneficiarse en algunos casos de actualizaciones inalámbricas que han mejorado sus funciones después de salir del concesionario. Para muchos conductores, pagar miles de euros adicionales por 100 millas más de autonomía que apenas utilizarán no tiene demasiado sentido. En cambio, quienes realizan viajes largos con frecuencia, necesitan la máxima autonomía posible o quieren disfrutar de la última generación de baterías y sistemas de carga encontrarán más argumentos para apostar por un coche nuevo.
En definitiva, comprar un eléctrico nuevo con matrícula 76 ofrece la máxima tranquilidad y tecnología, pero un usado reciente puede proporcionar una relación calidad-precio extraordinaria. La clave está en comparar el precio total, la autonomía real, el estado de la batería, la garantía y el uso previsto antes de firmar. Perder la satisfacción de estrenar matrícula puede parecer un sacrificio, pero si un coche de dos o tres años cuesta varios miles de euros menos y satisface exactamente las mismas necesidades, la decisión económica resulta difícil de discutir.