El mundo de la Fórmula 1 se empeña por retar los límites de la barrera técnica a intervalos constantes, mientras los equipos invierten millones de dólares en el desarrollo y construcción de automóviles en prístinas fábricas y relucientes líneas de ensamblaje. Pero en Inglaterra hay un hombre que hace todo esto por su cuenta, en un taller instalado en el patio trasero de su hogar. Obteniendo autopartes en subastas y en internet, Kevin Thomas es un artesano autodidacta, cuya especialidad son los vehículos de alto desempeño.
La mayoría de las personas que desarrollan afición hacia la Fórmula 1 sueñan con la oportunidad de ocupar el asiento de un auto de carreras y, tal vez, si es que la fantasía lo permite, hasta conducir un par de kilómetros. Pero esto no era suficiente para el británico. Hace algunos años, mientras atendía a una exhibición de bólidos F1 organizada en uno de los salones de Renault en Londres, tuvo una revelación elemental, pero definitiva: él también podía construir un monoplaza.
En entrevista con la revista Top Gear, Kevin comentó: "No sé por qué, pero una tarde de domingo, simplemente pensé 'quiero uno, quiero un bólido F1'". Pero antes de que el héroe triunfe, debe enfrentarse a la adversidad.
En el 2011, el equipo Mercedes-Benz F1 invirtió alrededor de U$D400 millones, con una pérdida neta de U$D16.6 millones tan sólo en esa temporada con cinco vehículos en la pista. En otras palabras, Kevin Thomas se ha enfrentado a la prueba del tiempo y la paciencia para alcanzar su objetivo. Tras 4 años de arduas labores, Thomas tiene un monoplaza casi funcional, armado como las piezas de un rompecabezas incompleto.
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