En los años 70, el Cutlass Supreme fue omnipresente en Estados Unidos. Cómodo, elegante y bien posicionado, llegó a ganar el premio Auto del Año de Motor Trend en 1976. Incluso fuerzas policiales ayudaron a sostener su popularidad durante décadas.
Barato, simple y confiable, el Cavalier fue uno de los autos más comunes de los 80 y 90. Hubo sedán, coupé, rural y hasta convertible. Su éxito fue tal que también se vendió en Japón como Toyota Cavalier.
El Buick LeSabre representó durante décadas el confort americano para viajar largas distancias. Espacioso, suave y elegante, se inspiró en prototipos futuristas de GM y fue habitual tanto en familias como en flotas oficiales.
Cuando apareció en 1986, el Taurus rompió con todo lo conocido. Su diseño aerodinámico parecía llegado del futuro y marcó un antes y un después para Ford, introduciendo el uso masivo de diseño asistido por computadora y tracción delantera.
Hermano del Taurus, el Sable apostó por una sofisticación discreta. Su parrilla con barra luminosa y los vidrios enrasados lo diferenciaban. Sedán o familiar, fue un clásico silencioso de los suburbios norteamericanos.
Pontiac buscó mezclar deportividad y confort bajo un mismo nombre. El Grand Am destacó por su diseño moderno y paragolpes integrados pensados para la seguridad. A pesar de sus interrupciones, siempre mantuvo una base fiel de seguidores.
La gama S marcó el debut de Saturn con una propuesta distinta: paneles plásticos resistentes a golpes, precios claros y una experiencia de compra diferente. Fabricado en Tennessee, simbolizó una nueva visión del auto accesible estadounidense.