El Porsche 959 es uno de los grandes hitos tecnológicos de los años 80. Oficialmente declarado con 197 mph de velocidad máxima, en condiciones reales superaba con facilidad los 200 mph. Su sistema de tracción integral y su motor bóxer biturbo de 2.8 litros lo convirtieron en un laboratorio rodante que anticipó el concepto de superdeportivo moderno.
El Ferrari F40 es probablemente el último Ferrari “analógico” puro. Aunque la marca anunciaba 201 mph, múltiples pruebas lo situaron por encima de esa cifra. Su V8 biturbo de 2.9 litros y su construcción ultraligera le permitían superar expectativas en una época donde la aerodinámica aún era más artesanal que digital.
Un muscle car moderno que rompió todos los esquemas. Oficialmente declarado con 199 mph, en la práctica podía superar los 200 mph con relativa facilidad. Su V8 sobrealimentado de 6.2 litros redefinió lo que se espera de un coche de producción en masa en términos de aceleración y velocidad punta.
Uno de los muscle cars más míticos de finales de los 60. Ford lo homologó con 375 hp, pero su motor V8 de 7.0 litros era claramente más potente en la realidad. Aunque no hay cifras oficiales exactas, diversas pruebas y preparadores estiman que superaba ampliamente los valores declarados, convirtiéndose en una pieza clave del legado Mustang.
El Corvette ZR-1 de los 90 fue un proyecto desarrollado junto a Lotus. Oficialmente rondaba los 180 mph, pero en la práctica alcanzaba cerca de 190 mph. Su motor LT5 V8, junto con mejoras aerodinámicas y de suspensión, lo colocaban por encima de muchos deportivos europeos de su época.
El famoso “Godzilla” japonés es un caso clásico de infravaloración. Por el acuerdo interno entre fabricantes japoneses, se declaraban 280 hp, aunque en realidad superaba los 330 hp. Su sistema de tracción total ATTESA E-TS y su motor RB26DETT lo convirtieron en un icono del rendimiento real por encima del papel.
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